TE AMO 2




TE AMO 2



Era como si el tiempo se hubiera detenido, como si todo lo que ocurre fuera, lejos de nosotros, no existiera. Mi corazón se acelera y nuestras respiraciones se aceleran.

Nos acercamos más y finalmente acorto la distancia y la beso. Nuestros labios se funden por fin después de tanto tiempo. Y es como si nunca hubiéramos dejado de besarnos, nuestros labios se acoplan perfectamente, encajan como un puzzle.

Y seguimos así, besándonos tranquilamente, disfrutando él uno del otro. Mi mano viaja a su mejilla, la acaricio y la atraigo hacía mí mucho más. Ella por su parte me rodea el cuello con sus brazos, acercándonos más si es posible e intensifico más el beso.

Al cabo de un rato nos separamos por falta de aire. Mis ojos permanecen cerrados intentando calmar mi pulso, que está acelerado. Sigo acariciando su mejilla y al final ella  abre los ojos. Y lo primero que se encuentra al hacerlo son mis ojos, mis ojos que la miran ilusionada, con amor y cariño, que es lo que siento ahora mismo. Mis ojos brillan con fuerza cuando la miro. E inevitablemente se me dibuja una sonrisa en la cara cuando veo la suya.

Nos seguimos mirando cuando María no puedo evitarlo más y se lanza de lleno a mis labios nuevamente. Sus besos son como una droga para mí. Los besos cada vez se vuelven más intensos y acaba a horcajadas sobre mí.

Mis manos viajan hasta sus mejillas, por su cuello, bajan hasta su cintura y acaricio su cara. Mientras sus manos viajan por mi torso, de arriba abajo, acariciando cada músculo de este. Mis besos viajan desde sus labios, por su mentón hasta llegar a su cuello.

Y María no puede evitar soltar un suspiro, siento como tiembla, creo que he encontrado su debilidad, y eso me encanta. Cuando termino en esa zona realizo un recorrido de besos hasta llegar a su oreja.

-       Ven, vamos – susurro con voz ronca.

La cojo en volandas y después la poso en el suelo, agarro su mano y la guío fuera del salón. Atravesamos el pasillo y nos dirigimos a mi habitación. Pasamos dentro y cuando lo hacemos me giro, con una mano cierro la puerta y con la otra agarro su cintura empujándola con brusquedad sobre la puerta.


Atención: si lees a partir de aquí es bajo tu responsabilidad, yo no me hago cargo de posibles traumas, ya que la escena es un poco subida de tono.



Coloco una mano sobre su cabeza, la otra la sigue manteniéndola en su cintura y la beso. La beso bruscamente, con intensidad y ella corresponde a mis acciones.

Mis labios se mueven ansiosos y incitándola a que me deje paso. Y lo hace, abre más su boca y deja que mi lengua entre en la suya y comiencen una guerra, una guerra por ver quién es la más fuerte.

Mi mano en su cintura pasa a su mejilla y después tras su nuca intensificando más si es posible el beso. La otra mano baja hasta su cintura y de ahí sigue bajando hasta sus piernas, haciendo que alce estas y rodee con ella mi cuerpo.

Vuelvo a besarla en el cuello y la mano que esta acariciando su pierna pasa a su culo. Ambas manos bajan a su culo. Y sus manos siguen acariciando mi torso pero esta vez meto sus manos bajo mi camiseta tocando mi piel. Al hacerlo me estremezco por el contacto y como consecuencia aprieto más mi agarre en su culo. Sus manos siguen subiendo y es ella esta vez, quien comienza a bajar sus besos por mi mentón para acabar en mi cuello. Suspiro con fuerza tras su tacto, tras el roce de sus labios por mi piel. Y finalmente me quita la camiseta, dejando a la vista mi tonificado pecho.

La vuelvo a coger haciendo que enrolle sus piernas por mi cintura. Llevo a María en volandas hasta la cama y la dejo delicadamente sobre ella. Baja dándole besos por la clavícula, mientras sus manos viajan libremente por mi espalda, por mi cuello. Sigo bajando, dejando besos húmedos por su vientre hasta llegar a la cintura de su pantalón. Lo bajo con cuidado, mientras sigo dejando besos por sus piernas. Vuelvo hacia arriba para seguir besándola. Y es cuando ella aprovecha el momento, ejerce fuerza y se coloca encima de mí.

Mis manos viajan hasta sus nalgas y se quedan allí, apretando, con total libertad, mientras María se inclina encima de mí para besarme y dejarme huellas en mi cuello. Después comienza con un pequeño vaivén, de arriba a abajo, intentando provocarme, cosa que ha conseguido desde el mismo instante en que se colocó encima de mí, despertando a mi amigo, poniéndome poco a poco más y más duro con cada roce de su piel.

En este instante se queda observándome, mirándome con esos preciosos ojos. Sus manos se dirigen hacia mi pantalón, desabrochando mi cinturón y el botón. Ante sus actos me empiezo a poner cada vez más nervioso. Levanto las caderas un poco para facilitar la acción y termina por quitarme el pantalón. Una vez sacado no puede evitar suspirar y yo con ella. Vuelve a colocarse otra vez encima de mí, frotando así nuestras partes íntimas, mientras apoya sus manos sobre mi pecho.

-       Como… Como sigas así… mmm. No podré parar – digo con la voz entrecortada por lo excitado que estoy, bueno por lo excitado que me pone María.

Y no quería que parara. María me mira con una sonrisa pícara y se levanta de encima. Sus acciones comienzan a sorprenderme, sus manos vuelan hasta la parte de atrás de su sujetador y lo desabrocha. De la misma manera coloca sus manos en sus braguitas y, lenta e intentando provocarme, cosa que consigue, se las saca. Y de esta manera queda completamente desnuda a mi merced, a mis ojos. Sin poder evitarlo comienzo a calentarme más y en su cara veo como la vergüenza comienza aparecer, poniéndose roja. No puedo evitar reírme ante su reacción, es tan adorable…

Me levanto para quedarme sentado y me acerco a María, lentamente para después cogerla y tirarla a la cama, provocando que suelta un grito. Ella comienza a reírse y yo con ella.

Después de eso vuelvo a colocarme encima de ella y recorro con mis manos cada centímetro de su cuerpo. Al mismo tiempo me encargo de chupar y morder con delicadeza uno de sus pezones. Poco a poco, voy descendiendo, hasta llegar a su sexo. Meto uno de mis dedos en mi boca para dirigirlo hacia su entrada y, lentamente lo introduzco. María no puede evitar soltar un gemido. Mientras yo sigo bombeando lentamente mi dedo en su interior, y mi lengua juega con su clítoris. María no podía dejar de retorcerse debajo de las sábanas, las arrugaba con sus puños, me encanta sentirla así bajo mi cuerpo.

En un momento, comienzo a notar como sus paredes se contraen, como su cuerpo se agitaba, como se contraía y cuando llega al clímax, grita mi nombre. Afloja su agarre de las sábanas e intenta controlar su respiración después del orgasmo que le acabo de regalar mientras la miro y memorizo todas sus reacciones.

Estiro la mano hasta llegar a la mesita de noche que hay en mi habitación, al lado de la cama, abro el primer cajón y saco un condón.

-       Qué preparado estás – me dice como puede mientras intenta controlar su respiración y su nerviosismo. Yo ríe ante sus comentarios.
-       ¿Estás segura de esto amor? – pregunto dulcemente preocupado, no quiero hacerla daño – Si no quieres seguir no pasa nada.
-       Quiero que sigas Marco, quiero que lo hagas. Quiero que seas tú – me contesta.
-       ¿Segura? – pregunto para cercionarme.
-       Sólo si tú lo estás – me contesta mientras sonríe.

Le devuelvo la sonrisa y la beso apasionadamente.

Me quita de las manos el condón y lo abre cuidadosamente, mientras yo me bajo los calzoncillos hasta dejarlos reposando sobre el suelo. Intenta ponérmelo, pero al estar tan nerviosa y temblando, acabo finalmente por ponérmelo yo. La beso en los labios y vuelvo a colocar a María debajo de mi cuerpo. Y así nos quedamos durante un rato, besándonos, hasta que entro en ella.

Al principio sentí que la dolía mucho, normal, después de la primera vez que tuvo… Por ese mismo motivo mis embestidas eran lentas y pausadas, hasta que no puedo evitarlo más, ya que sus gemidos y su forma de seguirme con sus caderas, me incita a hacer las embestidas más bruscas y rápidas. Enreda sus piernas alrededor de mis caderas, para de esta manera pudiera tener más acceso. Me clava sus uñas en mi espalda sin poder evitarlo. Sigo embistiendo, estaba cerca, ambos lo estábamos, llegaba el momento de liberarme, de que me hiciera suyo, de que la hiciera suya. Su primera vez, nuestra primera vez.

Tras un par de embestidas más, y mientras me besaba y mordía mi cuello, me libero, pero no paro aunque podría haberlo hecho. Sé que ella aún no ha llegado, por lo que sigo y con la poca fuerza que me quedo, doy un par de embestidas más como las últimas, fuertes y lentas. Hasta que finalmente siento como sus paredes vuelven a contraerse y se deja ir.

Y así después de haber hecho el amor nos quedamos mirándonos a los ojos, transmitiendo él uno al otro todo lo que estábamos sintiendo.

-       Te amo – digo en un susurro mientras pego nuestras frentes.
-       Te amo – me responde y junta nuestros labios en un beso lento lleno de sentimientos.

Permanecemos otro rato así hasta que salgo de ella. Me sentía tan suyo… tan mía… Al salir, ambos soltamos un suspiro.  Coloca a María a mi lado y la abrazo contra mi cuerpo, quedando su cabeza apoyada contra mi pecho, sintiendo si se para a escuchar, como mi corazón acelerado intenta calmarse.

-       No sabes, cuanto necesitaba hacerte mía, sentirte que eras mía – susurro en su oreja.

Y ella suelta una carcajada. Se gira y me mira.

-       Eres mi más bonita casualidad amor – digo para después besarla – buenas noches pequeña.
-       Buenas noches amor – me contesta.

Y así de esta manera, abrazados los dos, desnudos tras las sábanas de la cama, nos quedamos dormidos. Mientras una sonrisa se forma en nuestras caras. Una sonrisa sincera, llena de amor. De ese amor que sentimos el uno por el otro. Porque al fin, después de tanto buscarnos, nos hemos vuelto a reencontrar. Volvemos a estar juntos, siendo uno.




Hola amores!!

Aquí tenéis un nuevo capítulo que espero que os haya gustado y que dejéis vuestros comentarios.

Gracias por leer.

Besos, María.


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