SORPRESAS 2




SORPRESAS 2



Cuando me giro para ir a buscar a mi hermano y a María me topo con mi mayor pesadilla. Mira que hay discotecas en Mallorca que tengo la mala suerte de que ella está también en la misma. Parece como si supiera en donde estoy en cada momento. Miriam se acerca a mí contoneando sus caderas en un intento de provocarme. Cuando llega a mí pasa una de sus manos por mi brazo para intentar seducirme cosa que no consigue.

         -       ¿Qué haces Miriam? – pregunto un poco borde ya cansado de encontrármela siempre.
            -       Hola, ¿qué tal? Yo bien ¿y tú? – me pregunta irónica – que menos que eso – me dice acercándose más a mí.
              -       ¿Qué quieres ahora? – pregunto mientras me cruzo de brazos.
              -       Quiero hablar, que volvamos – me dice acercándose más.
              -       ¿Otra vez con lo mismo? – pregunto exasperado y enfadado – Déjame en paz ya – le digo.
             -       Vamos a hablar a otro lado tranquilamente – me dice Miriam mientras me coge de la mano para llevarme para algún lado pero yo me aparto de ella.

Me resisto más de una vez, ya que ella no hace más que insistir. Miriam se acerca más a mí, pegándose y tocándome. Cuando de repente mi cara se pone pálida al ver a María hecha una furia delante de los dos.

             -       María, yo… - intento decir para hacerla ver que no ha pasado nada.
            -       ¿No nos presentas Marco? Que desconsiderado eres – dice Miriam regocijándose – Soy Miriam, su novia y ¿tú quién eres?

¿Cómo? ¿Qué? Esta está loca, ¿cómo que es mi novia? Flipa en colores la tía. Veo como María se queda estupefacta ante lo que ve y encima Miriam no hace más que sonreír, por lo que decidí que era el momento de intervenir.

           -       Miriam tú y yo no somos nada ya, olvidate – digo borde – María, yo…
           -       Ya lo sé Marco – me contesta – estabas con una amiga, no pasa nada – me contesta mientras María sonríe a Miriam - ¿Nos podemos ir ya? Estoy cansada del viaje.
           -       Claro – contesto mientras la agarro de la cintura – Adiós Miriam.
           -       Adiós, ha sido un placer conocerte – dice María en tono irónico.

Allí plantada como un pasmarote la dejamos. María sonríe y yo también. Me encanta mi chica, en todos los sentidos.

El camino a casa es silencioso, nadie habla de nada, todo se vuelve incómodo. Pobre Igor, no quisiera estar en su lugar. Y yo… yo lo único que hago es mirar a María suplicante ya que no quiero que se enfade conmigo y sé que lo está.

Al llegar a mi habitación y colocarnos el pijama nos metemos en la cama.

          -       María… - intento decir otra vez pero me corta.
          -       Si tu pregunta es si estoy enfadada, la respuesta es sí – me contesto y me desespero poco a poco.
          -       Por favor – digo mientras me acerco más a ella y rodeo su cintura con mis brazos.
          -       No estoy enfadada contigo – me dice mirándome a los ojos y suspiro de alivio.
          -       ¿Entonces? – pregunto confuso.
          -       Estoy enfadada, bueno cabreada con Miriam – contesta.
          -       ¿Por qué? – intento comprenderla, ya que ahora mismo ando un poco perdido.
         -       Porque siempre aparece en todos lados y no te deja en paz. Confío en ti Marco, pero no en ella – me dice mientras se acurruca más a mí.
        -       No te preocupes amor, pasa de ella – digo mientras le doy un beso en la nariz – Y ahora a dormir – digo cuando la veo bostezar – estás cansada. Dulces sueños amor.
          -       Buenas noches Marco – me contesta mientras nos besamos.

Morfeo llega y nos lleva con él hasta que las luces que atraviesan la ventana nos deslumbra en la cara y nos hace despertarnos. Nos quedamos bastante tiempo en la cama riéndonos, besándonos y jugando. Despertar junto a María es uno de los mejores placeres de mi vida. Es todo lo que necesito para ser feliz.

Decidimos que por la mañana iríamos con Igor a la playa, ya que hacia un día esplendido. Al llegar allí nos tumbamos y pasamos un buen rato los tres. Me encanta la relación que tienen los dos, que se lleven bien, que se hagan reír. Casi sin quererlo ni pretenderlo, al final se harán grandes amigos, se parecen tanto el uno al otro…

Como María e Igor tienen sed, se van a por unos refrescos al chiringuito de la playa, aunque está un poco lejos de dónde estamos instalados.  Me quedo solo tomando el sol cuando siento una sombra que me quita el sol. Pienso que acaban de llegar pero al abrir mis ojos me encuentro otra vez con mi mayor pesadilla. De verdad, esta mujer es incansable, a ver si me deja en paz de una vez. Se tumba a mi lado sonriente.

           -       Hola Marco – me dice sonriendo – creo que tenemos una conversación pendiente – sigue diciendo.
        -       Creo que no tenemos nada más que hablar, ya no sé cuantas veces tengo que decírtelo – digo borde.
            -       Pero no te pongas así cariño – me dice mientras me acaricia la mejilla.
            -       No me toques Miriam – digo al apartarme.

Cuando miro a mi alrededor veo venir a Igor y a María y les miro suplicantes para que me saquen de este apuro. No la aguanto más, no cuando se pone insistente a que vuelva con ella.

          -       Hola chicos – contesta cínicamente Miriam, ya que está claro que le fastidia que mi hermano y mi novia hayan llegado.
           -       Hola – contesta seco Igor mientras se tumba en su toalla.
           -       ¿Tú no te sientas Marta? – pregunta inocentemente Miriam.

¿La ha llamado Marta? Creo que se va a liar una buena y yo no sé cómo evitarlo. ¿Por qué todo es tan complicado?

           -       Estás en mi toalla – contesta María borde – Y por cierto me llamo María. Que se te quede bien grabado.

Miriam se va de la toalla de María y se mete en la mía. Yo únicamente me apartaba cada vez más de ella, pero era imposible, la toalla era grande, pero no tanto. María me da el refresco que le había pedido mientras Miriam me hacia caricias por el brazo. Estaba a punto de decir basta, de decir que se largará, ya que en tonos suaves no lo entendía, pues tenía que buscar otro método, pero alguien se me adelanta.

           -       Perdona, ¿te importaría quitarte de la toalla de Marco? – pregunta María respetuosa. Sé que no quiere montar ningún escándalo en público.
            -       ¿Por qué? – pregunta Miriam borde también.
            -       Porque le molestas a Marco – contesta María.
            -       No le molesto, si lo estuviera me lo hubiera dicho – dice sonriente.
            -       No te lo dice porque es educado y no quiere que te molestes, pero ya te lo digo yo – sigue diciendo María y Miriam se gira para mirarme.

Me quedo estático, no pensé que María fuese la que  reaccionara de los dos y que empezará a marcar territorio. Lo único que puedo hacer es asentir a lo que mi novia decía.

           -       Tú no me dices lo que debo hacer y lo que no. Tú no eres nadie. Aquí la que sobra eres tú – dice Miriam mientras se levanta y empieza a elevar la voz.

María se levanta también, ninguno habla, mi hermano y yo nos hemos quedado en silencio, solo observamos el panorama y lo cabreada que está María.

           -       Perdona que te lo diga, pero aquí la que sobra eres tú. Asúmelo Marco no te quiere ya, déjale en paz – dice María elevando también un poco el tono.
         -       ¿Pero quién te crees que eres para hablarme así? Marco dile algo – me suplica Miriam pero lo único que hago es un gesto para desentenderme del tema, no quiero meterme en esta discusión, aunque debería pero creo que se va a poner muy difícil.  
            -       Soy su novia, así que si no te importa largarte de aquí. De aquí y de nuestras vidas – suelta María bordemente.

Miriam se queda muda y no puedo sentirme más orgulloso de mi chica. Así que me levanto de la toalla y voy hasta ella para rodear con mis brazos su cintura.

             -       Ya has oído a mi novia, vete de aquí y olvídame – digo a Miriam tajante.

Vemos como Miriam se pone roja de la furia que siente. Coge las sandalias y el bolso y se dispone a marcharse.

              -       Espera, se te olvida algo – dice María de repente.

Se da media vuelta con la tan mala suerte de que María y Miriam quedan tan juntas que la bebida de mi novia se derrama sobre la ropa de Miriam. Intento aguantarme la risa ante lo que ha pasado.

               -       Vaya cuanto lo siento – dice irónicamente mi chica.

Nos mira y se aleja furiosa soltando insultos a diestro y siniestro. Yo no puedo parar de reír al verla y María tampoco.

Se giro para encararme y me acomodo mejor poniendo ambos brazos alrededor de su cintura.  

              -       Mi chica celosa – digo mientras me río.
              -       Eres mío y de nadie más – me contesta mientras se me dibuja una sonrisa tonta en la cara.

Me acerco a ella y le doy un beso lentamente. Qué bien se sentía estar así con ella. La amo tanto…

               -       Iros a un hotel – dice Igor mientras se ríe.

Nos reímos los tres y así entre risas, anécdotas, baños y sin Miriam pasamos el día. Pero nunca tengo que fiarme de nada ni de nadie. Mi vida nunca ha sido fácil y no lo será, al menos en futuro cercano no. Las sorpresas que te da la vida.








Hola amores!!

Aquí tenéis un nuevo capítulo que espero que os haya gustado y que dejéis vuestros comentarios.

Gracias por leer y comentar.

Besos, María.


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