CARICIAS 2
CARICIAS 2
Nos separamos por la falta de aire. La miro a los ojos y
veo como se le plasma una sonrisa, esa jodida sonrisa que me enamora. Mi frente
se apoya en la suya y por un momento nos permitimos oír los gritos de
entusiasmo de la gente que nos rodea.
Pero otro cosquilleo nos devolvió al mundo que nosotros habíamos creado, a
nuestro propio mundo.
- ¿Entonces?
– pregunto impaciente por saber su respuesta.
- ¿Entonces
qué? – me contesta con otra pregunta mientras sonríe.
- ¿Qué
contestas? – vuelvo a preguntar.
- ¿El
beso no te ha parecido una buena respuesta? – me dice María con otra pregunta.
- Sí,
pero quiero oírlo de tu boca – digo mientras la agarro de la cintura y la
atraigo hasta mí, si es que aún se puede.
- Sí
quiero, quiero ser tu novia – me contesta.
Me acerco con urgencia y la beso, era tal necesidad… como
si llevara tiempo sin besarla.
- Te
amo pequeña, te amo mucho – digo al separarnos y dejo un beso en su frente.
De repente todo el mundo se acerca a nosotros para
felicitarnos. ¡Ni que la hubiera pedido matrimonio! Eso en un futuro.
- Cuidado
que se te cae la baba – me dice alguien a mis espaldas.
Me giro y me encuentro a un Isco sonriente.
- Calla
anda – le digo mientras nos abrazamos.
- No
se te ha quitado la sonrisa de estúpido desde que te ha dicho que sí – me dice.
- Lo
sé – respondo feliz.
- Me
alegro mucho por ti bro – me responde.
La noche termina y llevo a María a mi casa, ya que por
más que le insistí en que fuera a casa a ver a Natt ella quería pasa más tiempo
conmigo.
Al llegar a mi casa, desparezco un rato dejando a María a
oscuras. En un segundo enciendo a través de un mando a distancia, una luz, para
después encenderse el resto de luces. Un camino de velas la llevará hasta mi
habitación donde todo está preparado ya. Cuando la veo entrar se queda
sorprendida por la cantidad de velas y flores que hay en la cama. Voy por
detrás y con mis brazos agarro su cintura haciendo que apoye su espalda contra
mi pecho. Yo aprovecho para dejar múltiples besos sobre su cuello, que probablemente
queden marca, pero yo no puedo controlarme, no puedo.
Giro a María para mirarla y mis manos van a sus mejillas
para después besarla. Primero dulcemente y después de manera salvaje, tanto que
acabo apoyándola en la pared mientras la sigo besando.
- No
sabes cuánto llevo deseando quitarte este vestido – digo lo que llevo pensando
desde el momento en que me abrió la puerta para después morder su labio – no
sabes cuánto.
- ¿Y
por qué tardas tanto? – me pregunta de manera picara mientras me desata la
corbata y me la quita del cuello.
- Porque
tengo otros planes y ninguno incluye este vestido – digo mientras vuelvo a
centrar mis besos en su cuello – pero poco a poco.
Me separa de ella y la llevo hasta el cuarto de baño. Su
mirada es de sorpresa, ya que he llenado el baño de pétalos y velas.
- Madre
mía Marco, esto es precioso – me dice mientras apoya su cabeza en mi hombro.
- Para
mí pequeña lo que sea – digo mientras le planto un beso en el pelo - ¿Te
apetece que nos demos un baño? – pregunto y ella simplemente asiente.
Me alejo de ella para poner un poco de música y después
hacia la bañera, para que el agua comience a caer y este caliente. Echo sales y
dejo que el agua haga el resto.
Esta vez mientras me acerco a ella, me voy quitando la
chaqueta del traje y como llevo deseando toda la noche, comienzo a bajar la
cremallera de su vestido de manera lenta. Eso sí, sin dejar de dejar besos
húmedos por su cuello.
María no puede estarse quieta, por lo que se gira para
poder besarme. ¡Y vaya beso! Aunque lo aprovecho para quitarla el sujetados. Mi
intención es quitar sus braguitas también, pero es ella quien se me adelanta.
Rodeo con mis brazos su cintura para poder abrazarla y de
mientras aprovecho a ir quitándole las horquillas del pelo, haciendo que
este caiga en ondas sobre sus hombros.
- Así
mucho mejor – digo mientras la beso, ya que siempre me ha encantado su melena.
Ayudo a María a meterse en la bañera y cuando está
sentada, comienzo yo a quitarme el resto de ropa que me queda. Cuando acabo
pillo a María mirándome, más bien comiéndome con la mirada e inconscientemente
sonrío.
Me meto también en la bañera detrás de ella. Paso mis
brazos por su cintura para atraerla hacia mí. María apoya su espalda contra mi
pecho y yo hundo mi cara en su cuello, aspirando su aroma.
Así pasamos un buen rato, sentados en la bañera,
abrazados, mostrándonos todo el cariño que sentimos el uno por el otro,
acariciándonos, besándonos.
Cuando veo que la piel de María ya está arrugada, me
levanto y salgo de la bañera, cojo una toalla y la enrollo en mi cintura.
Después me acerco otra vez y me pongo de rodillas para posar mi frente contra
la suya.
- No
sabes cuánto te amo – digo.
- Yo
también te amo – me responde.
Cojo con mis manos su cara y la beso. La beso lenta y
profundamente. Al separarnos ayudo a María a salir de la bañera. Cojo otra
toalla y la paso alrededor de su cuerpo. Después le doy un abrazo y ella apoya
su cara en mi cuello. Aprovecha ese momento para depositar besos ahí y
acariciar mi espalda, haciendo que con cada roce me estremezca por el placer. Me separo de ella cuando no puedo más para
comenzar a secarla. Nuestros ojos no podían dejar de mirarse, no podíamos
desconectar la mirada.
Vuelvo a besarla y dejo caer su toalla al suelo. La cojo
en volandas y ella enreda sus piernas en mi cintura. Voy hasta la habitación y
deposito delicadamente a María en la cama. Me quito la toalla y me tumbo encima
de María, sin apoyarme para que mi peso no recaiga sobre ella.
Me pasa sus brazos por mi cuello y me atrae hacia ella
para besarme. Nuestros besos van cambiando de tono, se vuelven más salvajes.
Mis besos van a su cuello, bajan por su pecho. Y entre besos y caricias entro
en ella. Nos movemos al compás, al unísono. Hasta que al final los dos llegamos
al clímax.
- Te
amo pequeña – digo para después besarla.
- Y yo
a ti Marco – me responde.
Me separo de ella pero la atraigo hacia mí, haciendo que
apoye su cabeza en mi pecho. Nos arropo a los dos, para que podamos quedarnos
dormidos más cómodamente. María se duerme antes que yo con una sonrisa en su
cara que hace que de la misma manera, yo también me quede dormido.
Los rayos de sol entran por la ventana, miro el reloj y
es muy temprano. Después mi mirada viaja hasta ella, hasta el amor de mi vida,
que sigue dormida plácidamente sobre mi pecho. Me encanta verla dormir, sentir
esa paz tan infinita que tiene, me encanta contemplar lo hermosa que es, no
importa el día ni la hora, ella siempre esta perfecta, hermosa.
Me levanto pronto y comienzo a hacer las maletas. Meto
todo lo imprescindible en ellas, para después llevarlas al salón. He intentando
no hacer mucho ruido y menos mal… porque se llega a despertar María y creo que
no salgo vivo de esto.
Después de ducharme y arreglarme, voy a la cocina para
preparar el desayuno. Un desayuno especial para la chica más especial.
- ¿A
dónde vas? ¿Pensabas irte sin despedirte de mí? – me pregunta una voz a mis
espaldas haciéndome sobresaltar del susto.
A juzgar por el tono que ha usado creo que María está
enfadada conmigo. Me giro para enfrentarla y me quedo estático sin saber qué
hacer, sin saber qué decir. No me esperaba que se despertara tan pronto. Yo
quería que lo descubriera más adelante y no ahora, ya que tengo que hacer un
viaje y separarse no es nada fácil, no después de lo de anoche.
¿Me perdonará por esto?
Hola amores!!
Aquí tenéis un nuevo capítulo que espero que os haya gustado. Como siempre espero vuestros comentarios.
Gracias por leer y comentar.
Besos, María.

Comentarios
Publicar un comentario