SIGO SIENDO AQUELLA 2
SIGO SIENDO AQUELLA 2
María iba a hablar pero me
adelanto y no dejo que diga lo que estaba a punto de decir.
- Sé que estás dolida, decepcionada, pero sin ti no soy
nada amor – la miro suplicante.
- Marco, te quiero y lo sabes – me dice – estos días en
Santander me han ayudado a reflexionar, a pensar en lo nuestro – me explica –
Te confieso que no he sabido que hacer,
porque tampoco te mereces estar así, esperando una respuesta, no quiero que me
sigas esperando – me dice y no puedo evitar que tras oír esas duras palabras
mis lágrimas comiencen a surcar mi cara.
- Está bien, me rindo, te dejo ir, no quiero sufrir más – digo
desesperado sin saber qué hacer y me separo de ella.
- ¿Puedo acabar? – me pregunta mientras me agarra de la
mano para que me siente otra vez en el sofá.
Me limpio las lágrimas que
cruzan por mi cara y me vuelvo a sentir por su petición y porque quiero seguir
escuchándola, aunque me duela. Coloco mis manos sobre mi cara y me quedo allí
un rato, en esa postura, esperando a oír lo que me tenga que decir. María se
sienta más cerca de mí, me quita las manos de la cara, me alza la mirada, me
coge de las manos y me mira a los ojos.
- Marco, en el momento que te vi allí parado, mirándome,
supe que es lo que tenía que hacer – me dice mirándome a los ojos – Y aquí
estoy.
La sigo mirando sin entender
muy bien por donde va. Mis ojos se empañan cada vez más, intentando no seguir
llorando, conteniéndome.
- Marco, mirando a mis ojos deberías de preguntarte esto
¿no ves que de sólo nombrarte mi piel se vuelve de seda? Y es que con tus besos
me quedo prendida, te quiero. Tú me has convertido en la persona que soy ahora.
Tú amor me hizo mejor persona, pues con la pureza de tu mirada, de tu sonrisa,
me has devuelto las ganas de vivir, tus palabras dulces y cariñosas que siempre
tienes para mí, hacen que mis días más grises tengan rayos de luz, y me llena
completamente de alegría saber que eres mío – comienza a decir.
Mis ojos se abren con
sorpresa, mirándola expectante, rogando porque siga hablando. Quiero seguir escuchándola,
quiero saber qué es lo que piensa, que es lo que siente, quiero saberlo todo.
- ¡Cómo me gusta cuando me miras! Esos ojos que no saben
mentir. Me miras como si quisieras leer mis pensamientos, y si lo hicieras te
reirías por dentro porque sólo pienso en besarte ahora mismo – se me dibuja una
sonrisa ante sus palabras y mi corazón comienza a acelerarse – Tengo ganas de
besarte, y de reír contigo. Olvidar que unos días eran grises y cuanto esperé
porque alguien como tú llegará a mi vida para cambiarla.
- Yo… - intento hablar.
- Shhh déjame acabar – me dice mientras me pone un dedo
sobre mis labios – Y es que sigo siendo aquella… Aquella que sueña con el día
en que al fin pueda abrazarte, que el refugio de mis brazos sea el motivo de tu
alegría y en mi cálido regazo por siempre quieras quedarte. Aquella que cada
tarde la consume la impaciencia detrás de un monitor viendo un partido,
esperando a que vuelvas a mí. Aquella que te quiere aún sintiéndote distante,
tan distante cual estrella y yo queriendo alcanzarte, porque sigo siendo
aquella que no se cansa de esperarte sentada en el sofá.
Me acerco más hacía ella,
más si es posible, pego nuestras frentes y nos miramos a los ojos.
- Dime Marco, ¿cómo podría vislumbrar el mundo lejos de tus
brazos, ajena a tus ojos? Te necesito como el aire, como el agua, como a la
vida misma, lejos de ti me siento ausente, y sé que tú sientes lo mismo, porque
si nos alejáramos, sería como matarme cruelmente. Porque ahora mismo no concibo
mi realidad sin la tuya - más lágrimas
surcan mi cara, pero esta vez no son de tristeza sino de alegría por escuchar
lo que me dice - ¿Cómo podría abandonarte después de tanto buscarte?
- María… - vuelvo a intentar decir algo pero ella no me
deja y posa sus manos en mis mejillas.
- Marco, de tu pasado sólo me importa tu futuro. Lo
complicado al final sigue siendo lo maravilloso del encuentro y del secreto, la
forma casi despreocupada en que se dieron los sucesos, de la forma en la que
nos conocimos. No quiero hacerte ningún mal, pero te quiero y por más que
pienso en los obstáculos que se ciernen sobre nuestro futuro, no puedo dejar de
percibir esa sensación de libertad al final del túnel. Nuestro túnel
desproporcionadamente iluminado. ¡Qué le den a los obstáculos! No te tortures
con lo que pasó, las cosas tenían que ser así, la culpa no fue tuya o mía, no
hay culpa fue del destino que siempre nos pone a prueba. Lo importante es saber
cómo saltarlos, cómo superarlos, juntos.
Deja de hablar por un
momento y se dedica a mirarme, a mirar mis ojos, a ver qué es lo que le
cuentan. De la misma manera hago yo, no puedo apartar mi mirada ni un momento
de ella.
Y así nos quedamos unos
minutos, como si fuera la primera vez que nos miramos, como si nunca hubiera
pasado nada y estuviéramos experimentando cosas nuevas. Aunque la verdad, si
soy sincero, con María siempre son cosas nuevas, siempre son sentimientos
nuevos, sentimientos que cada ve crecen y crecen más.
Y eso es algo que solamente
María ha conseguido.
- No quiero seguir más, quiero dejar de sufrir, poder
dormir cada noche pensando que tú estás conmigo. Marco, no sabes la manera tan
loca en la que te extraño. Me he dado cuenta de una cosa, que es inútil luchar
contra lo que uno siente, contra el amor. Y es que cada día que paso a tu lado
es como volver a vivir – me dice mientras nuestras frentes siguen juntas.
- Te quiero, te quiero con locura – consigo decir
finalmente tras sus palabras y ver su sonrisa tras mis palabras hace que mi
corazón se ensanche y no entre en mi pecho. La quiero, con locura.
- Hoy sólo quiero estar contigo, junto a ti, siempre a tu
lado, siempre contigo, siempre tuya – me contesta.
Y yo que pensé que en la vida no existía, que a nadie le
importaba si mi alma estaba vacía.
Yo que imaginé que nunca sería feliz, que si antes
sonreía no volvería a sonreír.
Había pensado en la soledad, la culpable de lastimar mi
corazón, yo que anhelaba felicidad y se me negaba esa ilusión.
Pero lo que no sabía era la alegría que causaría al
encontrarla en mi camino, ella que despejó mi vida llenándola de luz, llenando
de vida mi destino.
Ella, que sin vergüenzas o temores me entregó comprensión
y cariño, haciéndome olvidar tantos errores. Ella, quien fue mi luz en mi vida,
mi amanecer en mi alma devolviéndola a la vida, a la alegría.
- Si supieras cuánto te quiero, si supieras del amor que
por ti siento, no bastarían las estrellas del cielo o las arenas de un gran
desierto para decirte que mi amor por ti es el más infinito y sincero – digo
tras salir del trance de su mirada, manteniendo la misma posición de antes.
- Te quiero Marco – me dice mirándome a los ojos y yo la
miro, con mis ojos brillando como nunca antes. Y sonrío.
- Yo también te quiero María – contesto.
Mi corazón se acelera de
sobremanera cuando pronuncia esas simples palabras, simples pero a la vez
llenas de tanto significado… Que mi corazón vuelve a recomponerse, a pegar esos
trocitos rotos, vuelve a ser uno. Y vuelve a latir por ella, por Marco.
Poco a poco, mientras
seguimos mirándonos a los ojos, nos vamos acercando. Cada vez más, sin dejar
que ni una gota de aire pase a través de nuestros cuerpos.
Y finalmente…
Hola amores!!
Aquí estoy de nuevo. Espero que os haya gustado el nuevo capítulo y espero que dejéis vuestros comentarios.
Muchas gracias por leer y comentar.
Besos, María.

Comentarios
Publicar un comentario