TE PROMETO 2
TE PROMETO 2
La miro con los ojos como
platos, sigo sorprendido por su propuesta, por lo que me acaba de decir. ¿Me
está diciendo que quiere hacerlo en la playa? Las piernas me comienzan a
temblar de repente y el corazón se me acelera.
- ¿Qué quieres hacer? – pregunto intentando descifrar sus
palabras.
- Pues eso, quiero hacerlo – me dice mientras se ríe.
- No te rías – contesto medio enfadado – no tiene gracia.
En serio contéstame – vuelvo a insistir para saber que escondían sus palabras.
- Quiero contarte toda la verdad – me dice seria esta vez –
toda la verdad – me vuelve a repetir.
- ¿Estás segura? – pregunto entendiendo lo que me quiere
contar.
Estoy preparado para
escucharlo, lo estoy, aunque no me guste la historia, debo hacerlo, debo
escuchar lo que pasó.
- Quiero contarte que es lo que pasó, cómo llegué a esa
situación – me dice.
- Está bien, pero si no quieres seguir hablando lo
entenderé. No es nada fácil hablar sobre algo o alguien que te ha hecho mucho
daño – respondo.
- Lo sé, pero quiero hacerlo – me dice.
Nos acurrucamos bien en la
manta sobre la arena de la playa. Estuvimos unos minutos en silencio. Un
silencio que me vino muy bien para aclarar mis ideas y para afrontar lo que iba
a venir.
Veo como María suspira y
coge aire, para disponerse a hablar. La miro a los ojos y la cojo de las manos
para darla seguridad. Me quedo quieto esperando escuchar sus palabras, palabras
que no me van a gustar.
- Esto empezó cuando mi hermana murió. Estaba destrozada,
furiosa con el mundo, no entendía porque el universo me habían quitado a la
persona más importante de mi vida. No lo entendía y me sumí en una vida llena
de oscuridad – empieza a decirme – No quería escuchar a nadie así que empecé a
salir de fiesta todos los días, volvía a casa a las tantas de la madrugada. Y
sí bebía, mucho. En una de esas tantas noches de fiesta conocí a Henry. Era un
chico encantador, dulce, alegre, muy simpático. Fue quien me sacó de aquella
oscura habitación en la que me había metido. En vez de salir de fiesta me
llevaba a cenar, dábamos vueltas por la calle y llegaba a una hora razonable a
casa. En ese momento pensé que era mi salvavidas, que había encontrado a esa
persona que mi hermana siempre decía que encontraría, a mi otra mitad. Pero lo
que no sabía en ese momento era que Henry se me iba a invitar a otra habitación
más oscura que la anterior. Una en la que no iba a escapar tan fácilmente y en
la que hoy en día aun no he podido salir – sigue contándome mientras no puedo
evitar que las lágrimas surquen mi cara. No puedo parar.
No es fácil, no lo es. No es
fácil como la chica de la que estás enamorado te cuenta todas estas barbaridades,
no lo es. Ojalá no hubiera pasado por ello.
María se queda un rato en silencio,
intentando averiguar cómo seguir, porque me acerco más a ella y con mis dedos
borro todas las lágrimas que surcan su cara.
- María… - la llamo y la miro a los ojos – Si no quieres
seguir lo entiendo, no quiero verte sufrir – digo apenado y sufriendo también,
no puedo verla así.
- Quiero hacerlo, necesito hacerlo y quiero que conozcas
cada parte de mí, lo bueno y también lo malo – me dice mientras me acaricia la
mejilla.
Me acerco más a ella y la
beso dulcemente en los labios. Al separarnos vuelve a coger aire, como si de
esta manera se diera más fuerza a sí misma para seguir contando su historia, una
historia que aunque no es mía, me está matando por dentro.
- Después de un par de meses, la cosa empezó a empeorar. Al
principio solamente fueron comentarios despectivos como por ejemplo, no te
vistas así pareces una puta, no comas mucho te estás poniendo gorda,…
Comentarios que no les di importancia pero que con el paso del tiempo me di
cuenta de que estaba haciendo lo que él quería, quería que fuera cayendo poco a
poco en su red, para después hacer lo que quisiera conmigo – sigo explicando a
Marco – Sin embargo la cosa no quedó así, pasamos del maltrato psicológico al
físico. Y ahí se volvió todo negro. Podía soportar sus comentarios pero lo que
vino después no. Empezaron siendo empujones, agarrones de mano más fuertes de
lo normal, pero después fue más agresivo, paso a golpearme en la cara,
agarrarme del pelo.
María se detiene esperando mi reacción pero lo único que puedo hacer es tensarme aún más y cerras mis puños, que ya estaban blancos. Mi furia me carcomía por dentro.
- Lo peor de todo fue un día. Nos habíamos mudado a un
pequeño piso a las afueras de Santander. Al principio no quería pero acabó
convenciéndome. Ese día sus amigos habían venido a su casa a jugar una partida
de póker. Quiso que les fuera su camarera y me negué. En ese momento apareció
Natt por el salón. Y entonces vi su mirada, vi su mirada loca y entonces accedí
a ser su camarera – sigue explicándome – estaban borrachos al terminar la
noche. Henry me pidió que les hiciera un baile sensual pero me negué
rotundamente. Henry se cabreo mucho, fue hasta la habitación de Natt y detrás
yo. Suplicándole que no le hiciera nada a Natt. Me amenazó con pegarla si no
hacía lo que él que quería. Y por miedo a que le pudiera hacer algo accedí. Al
volver al salón les hice un baile sensual. Me daba asco a mí misma, parecía una
puta - guarda silencio y la sangre
comienza a hervirme – Después del baile, Henry se acercó a mí y empezó a
quitarme la ropa. Como podía intentaba taparme, estaban delante sus amigos y
nadie me había visto desnuda. Forcejeé con él y al final acabó pegándome. De lo
fuerte que fue el golpe caí al suelo y allí empezó a darme paradas por todas partes.
Al final estaba tan dolorida que no podía oponer resistencia y acabó
consiguiendo lo que quería. Me violó allí mismo, en el salón de la casa y
delante de todos sus amigos, amigos que ni siquiera se inmutaron por lo que
estaba pasando y que sin embargo disfrutaron viendo el panorama.
Con cada palabra mi furia
crecía, quería partirle la cara a ese desgraciado, quería hacerlo. Mis piernas
no paran quietas y mis manos están cerradas en un puño.
- Sé que te dije que
era virgen, pero me daba mucha vergüenza decírtelo – sigue diciendo.
Hago un amago para decirle
que no me importa que me haya ocultado ese detalle, que me haya mentido, pero
no me deja y sigue hablando.
- Pero en realidad yo sigo siendo virgen, esa noche nunca ha
existido, nunca ha pasado – me explica – Cuando se cansó de mí y acabó
satisfecho despidió a sus amigos y se marchó a dormir, dejándome tirada en el
suelo. Como pude me levanté del suelo y fui hasta el baño de la habitación de
Natt, no quería despertarla y que me viera así. Estaba asqueada de mí misma, de
mi cuerpo, de todo. Así que me di una ducha para intentar borrar de mi piel
todo lo que tuviera que ver con Henry. Al acabar de ducharme me vestí, cogí
todo lo que pude de la habitación y salimos las dos de la casa. Natt aun seguía
dormida – no podía verla llorar, todo lo que había sufrido, por todo lo que
había pasado que mis ojos lo único que sabían reflejar era dolor – En ese
momento quise desparecer, en el mismo instante en el que amenazó a Natt pero no
podía salir de casa sin evitar que la hiciera daño a menos que me quedara. Fui
una tonta por no darme cuenta de lo que estaba pasando, estaba sumida en una
oscuridad que para mí Henry era ese rayo de esperanza, pero en realidad él
seguía hundiéndome en la oscuridad. Desde ese día no he vuelto a saber nada de él, ni quiero saber
nada de él. Quiero cerrar esas cicatrices que surcan mi piel, quiero poder
volver a confiar en la gente, quiero borrarlo, aunque sé que eso no va a ser
posible, va a permanecer en mi memoria para toda la vida, pero al menos quiero
que cuando lo recuerde no me duela tanto.
Dejo el enfado y la furia a
un lado para llorar, para desahogarme, para soltar todo lo que estaba
conteniendo. No soporto saber que una persona como ella, tan dulce y buena, a
la que amo con locura, haya tenido que pasar por esto.
- Eiii no llores – me dice mientras se acerca más a mí para
limpiar mi cara.
- Lo siento, de verdad que lo siento, María. Siento no
haber podido evitarte todo esto – digo intentando disculparme por los errores
de otras personas.
- Tú no tienes la culpa de nada Marco, no podías haberlo
evitado – me dice mientras sus ojos me miran con ternura y amor.
- Sí te hubiera conocido antes sí, habría sido ese rayo de
esperanza que necesitabas en tu vida – sigo diciendo mientras agarro con mis
manos su cara para mirarla a los ojos.
- Tú no eres ese rayo Marco – me dice seria mientras no
puedo evitar sorprender ¿qué? ¿por qué? ¿qué he hecho mal? – Eres la pieza que
faltaba en el puzzle de mi vida, esa pieza que le da sentido a todo. Eres el
motor de mi vida, amor.
- Nunca, nunca te haría eso, te lo prometo – digo mientras
la obligo a que me mire a los ojos – Jamás sería capaz de levantar la mano a
una mujer y mucho menos a ti, amor. Eres sin duda alguna la mujer de mi vida.
Tras mis palabras sinceras
ella no puedo evitar sonreír. Me acerco poco a poco a ella, cada vez más, para
finalmente besarla con dulzura, haciendo que sintamos cada sensación, cada cosquilleo.
- Es tu madre la mujer de tu vida Marco – me dice María al
separarnos.
- Lo es, siempre lo será, pero ahora a día de hoy puedo
decir, que tengo otra mujer en mi vida – contesto mientras la vuelvo a besar.
- Gracias por escucharme – me dice después de separarnos –
necesitaba contarlo y desahogarme.
- No tienes porque darlas peque, sabes que cuando me
necesites aquí voy a estar. Sólo tomate el tiempo que necesites para todo –
respondo.
Permanecemos tumbados en la
arena durante unos cuanto minutos hasta que nuestros cuerpos comienzan a
tiritar de frío. Y desde allí vamos hasta el hotel, dónde dormimos abrazados.
Hola amores!
Aquí tenéis un nuevo capítulo que espero que os haya gustado y que comentéis.
Gracias por leer y comentar.
Besos, María.

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