CASUALIDADES 2
CASUALIDADES 2
Ha pasado una semana desde
la última vez que vi María, en aquel día lluvioso de invierno y la verdad es
que cada día necesitaba más tenerla a mi lado.
Los carnavales están a punto
de llegar y con ella la fiesta que organiza Dani todos los años en su casa, este
año ha invitado a toda la plantilla a asistir, y aunque no me apetecía mucho
ir, esperaba y rogaba porque ella estuviera ahí.
El día señalado llega, estaba
en mi casa mirándome en el espejo una última vez. Ver que todo mi traje está
perfecto. ¿Cuál he escogido? Superman. Ojalá ser él y poder salvarla de todo lo
malo que le ha ocurrido.
Cuando estoy listo cojo el
coche y me dirijo hasta casa de Dani. Al entrar me abre la puerta Isco.
- Hombre bro, no esperaba que vinieses – me dice mientras
me da un abrazo.
- Quería despejarme un poco – le digo sin darle muchas
vueltas - ¿De qué narices vas? ¿O es que no te ha dado tiempo de cambiarte y
has venido con la ropa de entrenamiento? – pregunto intentando no reírme.
- Voy de futbolista ¿o no lo ves? – me dice mientras se
señala así mismo.
- Que original eres pisha – termino por decir mientras no
me aguanto la risa.
Voy hasta el salón y me
pongo a charlar con todos los compañeros, la verdad es que necesitaba salir un
poco del vacío en el que me había metido, distraerme un poco.
La busco entre la gente
esperanzado por ver si ha venido hasta que finalmente la veo entrar al salón.
Está absolutamente preciosa, aunque siempre lo está para mí.
No sé si es el destino o la
casualidad la que ha querido que hoy viniéramos disfrazados iguales o con un
disfraz de pareja, ya que María viene vestida con el traje de Supergirl. Pero
así es.
La miro de arriba abajo
cuando ella me observa y se me escapa una sonrisa ladeada. Si es el destino
quien nos quiere ver juntos. No necesito más pruebas que esta. La verdad es que
es una situación bastante graciosa, para que vamos a mentir, pero veo como Mará
guarda la compostura y se sienta entre Pilar y Nacho.
La cena pasa tranquilamente,
sin ningún acontecimiento que merezca la pena mencionar, salvo que no dejo de
mirarla y ella a mí tampoco, lo sé porque me mira de reojo. Ahora toca momento
de fiesta y música. Los niños andan correteando por toda la sala jugando
mientras los mayores nos dividimos en varios grupos para charla y a la vez
bailar.
- Por cierto María ¿qué tal te sientes al vivir aquí? Te
resultará todo nuevo – pregunta Marcos a María.
¿Cómo? ¿Está viviendo aquí y
yo no me he enterado? Observo como María se sorprende ante la mirada y mira a
su primo, Dani. Está algo enfadada. Aunque a decir verdad, no soy el único en
la sala que está sorprendido ante la pregunta de Marcos.
- ¿Se lo has contado? – pregunta enfadada a Dani – Te dije
que no quería que supieran que estaba viviendo Madrid. ¡Eres un bocazas Dani!
- ¿Estás viviendo aquí? – pregunto de repente mientras la
miro con los ojos abiertos por la sorpresa, no he podido evitar preguntar.
María mira mis ojos y sé que
ha descubierto lo que ellos esconden, porque no solo estoy sorprendido sino que
también estoy decepcionado. Porque no me ha dicho que estaba aquí. Los dos
soñando en estar en la misma ciudad para pasar más tiempo juntos, para vernos
casi todos los días ya ahora… Ahora que podemos, no me lo dice y ni siquiera
estamos juntos.
María sale de ahí sin ni
siquiera contestar a mi pregunta. Y yo me siento en un sofá a pensar. Ya no me
apetece festejar nada, por lo que solo me quedo observando la pista de baile,
pero sobretodo a ella.
Suena por los altavoces una
canción lenta, me levanto y me dirijo hasta ella, y poso mis manos en sus
caderas. Siento como se estremece ante mi contacto y sé que sabe que soy yo. Se
gira lentamente hasta que nuestros ojos se conectan, ella me mira y yo solo
hago un pequeño gesto, invitándola a bailar. No se separa de mí y me sigue con
el leve vaivén, un vaivén que nos envuelve a ambos y que nos transporta a otro
lado, como si nadie más estuviera en el salón.
- ¿Por qué no me dijiste que estabas aquí? – pregunto casi
susurrando.
- No quería decírtelo – me contesta.
- ¿Y al resto? – vuelvo a insistir.
- No quería que nadie lo supiera, todos me recuerdan a ti y
necesitaba estar sola, encontrarme a mí misma. Ser yo nuevamente – me dice.
- Yo… Necesito hablar contigo, por favor – suplico.
- Ahora no Marco – me contesta con lágrimas ya en los ojos.
Se suelta de mi agarre y
sale casi corriendo de entre mis brazos. Veo que va al jardín, pero simplemente
me quedo en el sitio, parado en mitad de la pista de baile improvisada.
Necesito que me escuche,
necesito que me crea.
A veces la vida logra
sorprenderme, cuando pienso que ya no puede hacerlo, lo hace. Siempre, además
de una manera que nunca me espero. Esta vez con el disfraz, algo tan
insignificante pero a la vez tan importante. Porque aunque parezca o no, sea el
destino o la casualidad, hemos venido igual, porque pensamos igual. Nos
sentimos el uno al otro aunque estemos lejos. Y eso poca gente puede hacerlo.
¿Pero si estamos hablando de
destino o casualidad no tendría por qué importarme no? La verdad es que todo lo
contrario, me importa, mucho. De antes nunca creía en las casualidades en la
vida, pero desde que todo mi mundo se vino abajo, aprendí que todo pasa por
algo, que las casualidades existen y que no tengo que dejarlas pasar ni no
prestarles importancia. Esas casualidades por pequeñas o grandes que sean son
las que nos invitan a seguir, las que nos incitan a hacer cosas, a lograr
nuestros sueños.
Así sí, creo en el destino y
en las casualidades, creo en que la vida me puso a María en mi vida por algún
motivo, que aun hoy en día sigo buscando el papel que juega en ella. Quiero
descubrir el papel que tiene en vida, creo saber cuál es, pero necesito que
todo vuelva a ser como antes.
Por lo que salgo al jardín
en su busca y la veo sentada en una tumbona. No hay nadie fuera, solo ella y
yo. Me acerco hasta María y me siento a su lado para después mirarla.
Mi mirada es penetrante,
deseosa de que está vez funcione, de que esta vez me escuche.
Y creo que sí, creo que ha
llegado la hora, es ahora o nunca.
Hola amores!
Aquí tenéis un nuevo capítulo que espero que os haya gustado. También espero como siempre vuestros comentarios.
Gracias por leer y comentar.
Besos, María.

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