QUIERO 2
QUIERO 2
Llego
a mi casa y lo primero que hago es empezar a llorar y a gritar. Destruyo todo a
mi paso mientras a mi mente vuelve a revivir una y otra vez la escena que he
vivido hace unas horas.
Sé
que no son horas para el ruido que estoy haciendo, pero no me importa, ahora lo
que necesito es hablar con alguien, necesito que alguien me abrace y aunque sé
que son las tres de la mañana, llamo.
-
¿Marco? No son horas
– dice la persona que he llamado - ¿estás bien? – me pregunta.
-
¿Puedes venir a mi
casa Isco? – intento decir cómo puedo ya que las lágrimas hacen que mi voz se entrecorte.
-
¿Qué ha pasado? – me
pregunta Isco preocupado al oírme.
-
Solo ven, por favor –
le respondo derrotado.
-
En 10 minutos estoy
allí – me responde para después colgar.
Espero
a Isco sentado en el suelo del salón mientras sigo llorando. Cuando llega y me
ve en este estado lo único que hace es abrazarme, ni siquiera me pregunta que
me pasa.
Al
final me convence, después de una hora llorando en el suelo de mi salón, para
que me vaya a la cama. Mañana sería otro día y tenía partido, tenía que estar
concentrado, aunque la verdad es que no creo que pueda estarlo, mi mente va a
viajar hacía María, sin duda alguna.
El
partido había terminado, habíamos ganado pero no había hecho un buen juego, no
había dado lo mejor de mí mismo, pero es que tampoco podía, no podía y menos
sabiendo que la había perdido.
Aparco
el coche en el garaje y me dispongo a subir las escaleras con el único objetivo
de echarme en la cama a dormir. Llevo un par de días durmiendo poco y eso se
nota en el rendimiento en el campo de fútbol.
Sigo
subiendo las escaleras como alma en pena, triste y mirando hacia el suelo, sin
ganas de nada, cuando de repente veo unos pies en el rellano de mi puerta. Elevo
la mirada y allí la veo, sentada en el suelo junto a mi puerta.
Al
verme se levanta rápidamente del suelo y me mira fijamente, como si quisiera
saber cómo estoy, suplicándome perdón con la mirada. Intenta acercarse a mí,
pero rápidamente me alejo de ella dando unos pasos hacia atrás.
Aún
no estoy listo para verla, para hablar de lo que ha pasado. No quiero que me
diga que nosotros no somos nada, que él le da todo lo que necesita, todo
aquello que yo no le he podido dar.
Nos quedamos observándonos
durante unos segundos o quizá unos minutos, la verdad es que no lo sé. Cuando
estoy con María es como si el mundo se detuviera y solo existiéramos ella y yo.
Mi mirada expresa sorpresa,
sufrimiento y desconcierto, aunque la de ella no se aleja mucho de la mía. Pero
no me esperaba que viniese hasta aquí.
- ¿Qué haces aquí? – pregunto de manera borde y distante, no puedo
ablandarme ahora, no después de lo que vi.
- Tenemos que hablar – me contesta casi en un susurro.
- No tenemos nada que hablar – contesto mientras me dirijo
a la puerta.
- Sí que tenemos – me contesta mientras me agarra del brazo
– ayer no me dejaste explicarte lo que paso.
- No tienes que explicarme nada, lo vi todo. Qué rápido te
has olvidado de mí. Ahora suéltame y vete – digo bruscamente. No quiero
mirarla, no puedo.
- No es lo que tú piensas, por favor déjame explicarte – me
dice mientras unas lágrimas comienzan a surcar su cara.
- No – digo mientras me suelto – no quiero oírte ni verte,
ya me ha quedado claro que yo no significo nada para ti – respondo mientras
abro la puerta de mi casa.
- Marco, por favor… - intenta decirme mientras sigue
llorando.
María intenta agarrarme de
nuevo pero fácilmente me deshago de ella. No deja de insistir en que deje que
se explique, pero no puedo así que entro por la puerta y la cierro en su cara,
sin dejarla hablar.
María golpea la puerta,
llama al timbre, pero no abro la puerta.
- ¡Marco, por favor! Sólo necesito que me escuches, si
después no quieres verme lo entenderé, pero por favor, déjame contarte lo que
pasó, no es como tú crees.
Sigue suplicando pero no
puedo abrir la puerta, no puedo. Lo único que puedo hacer es sentarme en el
suelo con la espalda apoyada en la puerta y comienzo a llorar, mientras mis
manos se posan en mi cabeza.
Oigo todas las suplicas de
María tras la puerta, mientras sigo llorando. No quiero que me diga que lo
nuestro está acabado, porque sé que primero, ante todo somos amigos y sé que le
duele que sufra, por eso está así, pero no estoy preparado para decirle adiós,
para que ella me diga adiós.
¿Por qué todo es tan
difícil?
Yo no pedí sentir esto por ti, te fuiste metiendo poco a
poco y ahora no sé qué hacer si tú no estás, con esa necesidad de saber de ti,
de pensarte, de sentirte, de amarte.
No te quiero para ser solo besos, no te quiero para ser
solo risas. No te quiero para ser solo minutos, te quiero para ser momentos,
para ser alegrías, te quiero para ser historia.
- Te quiero Marco – oigo decir a María tras la puerta.
- Yo también te quiero – respondo en un susurro.
Unas palabras que quedan
mudas en el silencio de la casa, un susurro que muere en mis labios cuando mis
parpados se cierran y el cansancio hace mella en mí.
Hola amores!!
Aquí tenéis un nuevo capítulo que espero que os haya gustado. Espero también como siempre vuestros comentarios de lo que os parece.
Muchas gracias por leer y comentar.
Besos, María.

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