LLUVIA 2
LLUVIA 2
Hoy en era un día muy
importante para Isco, hoy se decidiría lo que pasaba con Sofía y todo lo que había
sufrido con ese desgraciado, y como buen amigo y compañero que soy, aquí estoy,
en los juzgados esperando por la resolución.
Estamos en el coche y
ninguno de los que ocupamos los asientos dice nada, no hay ningún tipo de
conversación. Todos estamos concentrados en lo que pasará. Nadie se merece lo
que ha sufrido ella, lo que sufrió María.
Al llegar nos dirigimos
todos hacia la sala 5, donde se va a producir el juicio. Vemos a mucha gente
allí, familiares de Sofía y compañeros nuestros del equipo. Pero no me interesa
nada ni nadie, por lo que instintivamente agacho la cabeza para mirar al suelo,
ahora lo hago siempre.
Me quedo el último del
grupo, ya que a ninguno le apetece sacar conversación conmigo, al final siempre
les acabo hablando mal, por lo que ya desisten.
De repente el silencio
inunda la sala y me quedo extrañado. ¿Por qué todo el mundo se ha callado? ¿Qué
estará pasando? Levanto la cabeza e instintivamente mi mirada se posa sobre la
de ella. La miro sorprendido, no me esperaba que fuese a venir, que estuviera
aquí.
Está… Está muy cambiada,
físicamente lo está. Pero lo que más me llama la atención es su mirada, ya no
hay ese brillo especial que tenía. Mi corazón se encoje y lo único que me
apetece es ir para darle un abrazo y besarla, estrechara entre mis brazos, la
he echado de menos.
Todos saludan a María y yo
hago un amago para acercarme a ella, al menos para saludarla, pero ella se da
la vuelta y se sienta en una silla. Dentro de nada va a empezar el juicio.
Desecho por este encuentro me siento en una silla y no paro de mirar en su
dirección.
No me concentro en todo lo
que está ocurriendo en la sala, mi mente y mi corazón solo piensan en María. En
qué hacer para recuperarla.
El juicio dura una hora y
media, una hora y media que han dado para hablar mucho. Pero al final la
justicia ha ganado. El novio de Sofía irá a la cárcel por maltrato y Sofía
podrá tener una vida tranquila, una vida para intentar borrar todas esas
huellas que ha dejado sobre su piel.
¿Y la custodia de Isco Jr?
Será compartida como hasta ahora. Isco podrá disfrutar de su hijo siempre que
quiera. A fin de cuentas Sofía quiere que su hijo tenga un padre.
A la salida del juzgado Isco
y Sofía propusieron que fuéramos todos a comer. Pero yo sólo tenía ojos para
María, lo demás no me importaba.
- Lo siento chicos, pero estoy muy cansada – dice María.
- ¿Segura que no quieres venir? – pregunta Sofía a María.
- Sí, gracias pero tengo que ir a cuidar de Natt – contesta.
- Está bien – dice Sofía.
- ¿Vendrás al entrenamiento de mañana? – pregunta esta vez
Isco.
- No lo sé, no prometo nada – contesta mientras abraza a
Isco – Adiós chicos, nos vemos pronto –
dice finalmente mientras se despide con la mano.
María se da la vuelta y
comienza a caminar supongo que en dirección a su coche. Es ahora o nunca Marco.
Casi corro hasta alcanzarla y cojo su mano con la mía para obligarla a que se
gire y se enfrente a mí.
María levanta y su mirada se
encuentra con la mía, una suplicante.
- Espera María, por favor – digo suplicando y desesperado.
- Marco no – me contesta mientras intenta zafarse de mi
agarre pero no puede porque esta vez agarro su cintura.
- Escúchame, por favor, solo necesito que hablemos –
suplico.
- No puedo Marco porque si lo hago caeré rendida otra vez –
me dice mientras unas lágrimas empiezan a recorrer sus mejillas.
- Necesito que me escuches, que me perdones, por favor –
digo desesperado – Te quiero – digo mientras le limpio las lágrimas que se
escapan traviesas.
- Yo también te quiero Marco, pero por ese mismo motivo no
puedo, no puedo perdonarte – me dice amargamente.
- Lo siento pequeña, de verdad, hablemos – digo a punto de
llorar – te echo de menos y te necesito, no sabes lo mal que lo he pasado este
mes.
- ¿Y yo? Yo también lo he pasado mal Marco. No sabes nada
de lo que ha pasado este mes. Así que por favor, ahora no, no estoy preparada –
me contesta casi furiosa.
María se zafa de mi agarre
pero vuelvo a insistir y la cojo otra vez de la mano, pero esta vez sin querer
subo la manga de su camiseta apareciendo ante mis ojos unas heridas que antes
no estaban.
Me quedo asustado y
sorprendido al ver esas marcas. No por favor, dime que no, que no ha hecho lo
que creo que ha hecho. ¡Dios, por favor no! Me muero, me muero si la pasa algo y
todo por mi culpa. Seré gilipollas. Esto no, por favor no pienso mi corazón
comienza a romperse un poco más y mis ganas de llorar aumentan
considerablemente, pero finalmente no puedo contenerme. Acabo llorando sin
poder evitarlo pensando en que cómo se ha debido de sentir para llegar hasta
este punto. ¿Por qué lo estropeo siempre todo?
- María ¿Y esto? – consigo decir mientras enseño su muñeca.
- Nada – me contesta seca.
- ¿Qué has hecho? – pregunto casi susurrando intentando
asimilar todo lo que está pasando.
- No preguntes Marco – me contesta mientras se suelta –
Adiós.
Y sale corriendo de allí,
dejándome solo y llorando en mitad de la acera.
Esta vez, en vez de salir
tras ella me quedo quieto en el sitio, sin poder moverme, asimilando todo lo
que acabo de conocer. Y como si el destino ya no fuera lo suficientemente cruel
conmigo, con nosotros, el cielo se encapota y las primeras gotas de lluvia
comienzan a caer. De la misma manera en las que mis lágrimas caen desde que comprendí
lo que había pasado. Así, como si reflejara como me siento, cuanto más lloro,
más llueve, empapándome de pies a cabeza, aunque no me importa. Me importa el
hecho de que mi corazón está empapado, cala y hace frío. Sí, frío. El calor, mi
amor, se quedó con ella, en mitad de esa calle mientras esperaba un perdón por
su parte. Se quedó allí, mientras me quedaba con una mano en el corazón y la
otra no sé en donde, sólo sé que con más dolor.
Ojalá las cosas fueran tan
fáciles, ojalá la vida fuera de color de rosas, ojala no hubiese ido a esa
discoteca, ojalá Marina no se me hubiera tirado encima, ojalá no hubiera
cámaras, ojalá no hubiera recibido ese beso, engañándola y ojalá ella me perdonara. Pero por el momento,
la respuesta sé que va a ser no. Pero no voy a rendirme, no lo haré.
Aunque claro está, siempre
me sorprendo a mí mismo y ella siempre me acaba sorprendiéndome a mí, siendo
capaz de hacer lo inalcanzable, lo impensable.
Simplemente por amor.
Hola amores!!
Aquí tenéis un nuevo capítulo que espero que os haya gustado. Espero como siempre vuestros comentarios.
Gracias por leer y comentar.
Besos, María.

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