SÁLVAME
SÁLVAME
Cuando llego a Santander voy
directa hasta mi casa. Allí el panorama me es bastante conocido. Otra vez se
refleja el dolor y la tristeza por cada recoveco de la casa. Otra vez se ven
las caras llena de sufrimiento, de lloros. Otra vez esos ojos rojos mirándome con
lastima. Y no puedo evitar llorar yo también.
Mi primer instinto es ir a
buscar a Natt pero los brazos de mi madre me atrapan y quiera o no, los brazos
de una madre son especiales, son únicos, capaces de romper cualquier barrera
que tengas puesta. Y esta no es la excepción. En cuanto la abrazo lloro
desconsoladamente sobre su hombro. Lloramos las dos.
- ¿Dónde está? – le pregunto a mi madre.
- En tu habitación – me contesta sabiendo por quien
pregunto.
- ¿Cómo está? ¿Se lo habéis dicho? – le vuelvo a preguntar.
- Esta más tranquila pero aun no he sido capaz de decírselo
– me dice llorando otra vez.
- Está bien – le digo dándole un beso en la mejilla.
Me encamino a mi habitación,
abro la puerta y me encuentro a la persona que más quería ver tumbada en mi cama.
Me tumbo a su lado y la abrazo. Permanecemos así durante mucho tiempo. Ambas lo
necesitábamos. Yo por saber que ella estaba bien, que seguía a mi lado. Y ella
para tranquilizarse.
Cuando siento que ya está
más calmada, que ya se le ha pasado, es momento de decirle la verdad. Porque a
pesar de que tenga cuatro años, tiene que saberlo, muchas veces los niños
entienden más de lo que pensamos e incluso son más fuertes que los adultos.
- Natt cielo – le digo para que me preste atención.
- ¿Qué? – me pregunta mientras sus ojitos me miran.
- Cariño, ha pasado algo – le digo dulcemente intentando
ser fuerte por las dos.
Cuando se qué me está
prestando atención y que está pendiente de las palabras que le voy a decir,
cojo aire, lo suelto y me dispongo a contarle lo más duro que voy a decirle en
esta vida.
- ¿Te acuerdas de ese accidente que habéis tenido papá y
tú? – le pregunto y ella asiente – pues papá sufrió más heridas.
- ¿Dónde está papá? – me pregunta interrumpiéndome.
- Papá ya no está aquí con nosotras cielo – le digo.
- ¿Y dónde se ha ido? – me vuelve a preguntar Natt.
- Papá se ha ido para no volver más cariño, se ha ido a un
lugar mejor, ahora su hogar está en el cielo – le digo.
- ¿Y no va a venir nunca más a verme? – me pregunta con
lagrimas en sus ojos.
- Vendrá a visitarte en tus sueños cielo y podrás
recordarle siempre, como a mamá. Allá donde vayas mientras su recuerdo
permanezca en tu corazón, en tus pensamientos, él no se habrá ido nunca de tu
vida. Siempre, me oyes, siempre va a estar velando por tus sueños, por tu vida.
Estará siempre en cada paso importante que hagas en tu vida – le digo mientras
la abrazo y las dos lloramos juntas.
- Quiero a mi papi – me dice mientras llora desconsoladamente.
- Lo sé cielo, lo sé, y papá también lo sabía. Ahora están
los dos juntos. Mamá y papá están juntos en lugar mejor, en un lugar donde van
a cuidar de ti siempre y serás tus angelitos de la guarda – le contesto
mientras seguimos abrazadas y llorando.
Y así de esta manera,
abrazadas y llorando, conseguimos dormir. Bueno al menos ella, porque yo no fui
capaz de dormir nada. Ahora todo ha vuelto a cambiar, todo ha vuelto a girar.
Es hora de empezar con el
entierro, todo el mundo de negro, incluso Natt, pero a pesar de ello ambas
llevamos un fular de color amarillo, el color favorito de Alex. Todo el mundo,
nuestros seres queridos y amigos de Alex están presentes. Y todo y cada uno de
ellos se acercan hasta nosotros para darnos el pésame.
La misa fue muy bonita, muy
emotiva. Sus amigos le dedicaron palabras maravillosas, incluso mi hermano, ya
que ambos eran como uña y carne, siempre se han llevado muy bien. Pero a pesar
de todo lo bonito, siempre hay algo malo. Y es que la familia de Alex ni
siquiera se había acercado a nosotros, ni siquiera a Natt.
Es el momento del entierro,
de enterrar el ataúd bajo tierra. Todos llevamos una rosa en la mano para
dejarla sobre el ataúd antes de que lo bajen. Cuando siento que alguien se
coloca a mi lado. No le doy demasiada importancia porque en lo único en lo que
puedo pensar es en Alex, en la vida por delante que tenía. Pero una mano agarra
la mía devolviéndome a la realidad. Me giro para ver quién había entrelazado
sus dedos con los míos. Y la persona que veo es la persona a quién menos me lo
esperaba.
No puedo creerme que esté
aquí conmigo. ¿Este chico está loco? Mañana tiene partido. Pero no puedo
sentirme feliz de tenerle aquí conmigo.
Es mi turno y el de Natt de
dejar la rosa sobre el ataúd. Cuando vuelvo a mi sitio no puedo evitar llorar y
él me abraza. Le agarro con fuerza y me escondo en su pecho. La pequeña
ceremonia termina y mi madre se lleva a Natt para dejarme a solas con mi
acompañante sorpresa.
Antes de que la gente se
marche veo a otra persona que tampoco me esperaba y no dudo en llegar hasta él
para abrazarle.
- Tuve que decírselo – me dice Isco.
- No te preocupes – le digo sinceramente – gracias por
venir.
- No podía dejar que viniera solo, estaba muy nervioso e
intranquilo – me dice mientras mira a la persona que tengo detrás de mí.
Isco se va y nos quedamos
los dos solos. Me abraza y después de vuelve a dar la mano y me lleva hasta las
afueras del cementerio. Nos sentamos en un banco cerca de una arboleda.
- ¿Cómo te encuentras? – me dice.
- Mejor – le contesto mientras sonrío – Gracias por venir
Marco.
- No tienes porque darlas, es un momento importante y me
necesitas aquí – me dice mientras entrelaza nuestras manos.
- ¿Te has vuelto loco no? – le pregunto y me mira sin
entender nada – viniendo aquí teniendo mañana partido – le explico.
- Loco por ti – me dice
mirándome a los ojos y sonrojándose.
- Marco… - intento decir pero me corta.
- Cuando acabó la celebración en el campo te busqué pero no
te encontré por ningún lado y supuso que
habías vuelto al hotel. Cuando llegué a él fui a buscarte a la habitación pero
no contestó nadie. Al bajar a recepción me dijeron que te habías ido. Me volví
loco al no saber dónde estabas. Le pregunté a Dani pero él no sabía nada. Hasta
que me di cuenta de que Isco estaba demasiado preocupado mirando el móvil y le
exigí que me lo contara – me dice poniéndose tenso y sin parar quieto - ¿por
qué no me dijiste nada? – me pregunta entre confuso y dolido.
- No quería molestarte con mis problemas – le digo y veo
que su rostro, su mirada se pone seria – no quería estropearte la celebración,
quería que disfrutarás, que te lo pasarás bien.
- María… Me importa una mierda haber ganado, pasármelo bien
y disfrutar. Me importas tú – me dice serio.
- ¿Por qué? ¿Por qué te importo yo más que tu sueño? – le pregunto
sin entender nada.
- No entiendo lo que me está pasando, no entiendo lo que
estoy sintiendo, solo sé que quería haber estado contigo en todo momento,
consolarte cuando nadie lo hace, abrazarte, intentar que te sintieras mejor –
me dice mientras sus manos están sobre mis mejillas para que le mire a los ojos
– solo sé que me importas demasiado, me importas mucho María.
- Marco yo… - no sabía que decirle, me había dejado sin
palabras.
Nos quedamos un rato
mirándonos, intentando descifrar en la mirada del otro lo que con palabras no
sabemos expresar. Intentando decir lo que no puedo.
- Marco, has llegado a mi vida como un huracán – empiezo a
decirle y su mirada se posa sobre la mía – Has llegado y me has hecho sentir
cosas que hacía mucho tiempo que nadie me había hecho sentir y eso que solo nos
conocemos de casi dos semanas. Desde la muerte de mi hermana me había cerrado
en banda, no he dejado que nadie me conozca realmente y tú con tan solo una
mirada derribaste mi coraza. Y no entiendo porqué. Pero…
- ¿Pero? – me dice sabiendo que cuando alguien dice un pero
algo malo viene detrás.
- Me importas demasiado Marco, mucho, más de lo que piensas.
Pero ahora mi vida está aquí, si algún momento tuve la oportunidad de salir
huyendo, de rehacer mi vida en otra parte, se esfumaron en el mismo instante en
que recibí esa llamada – le digo tristemente.
- No te entiendo lo que quieres decirme – me dice mientras
agarra mis dos manos ya que no paro de moverme al estar nerviosa.
- Soy la tutora legal de Natt – le digo sin rodeos.
Marco me mira sorprendido y
entonces veo que entiende lo que le quiero decir. Al ser su tutora legal Natt
tiene que venirse a vivir conmigo.
- María eso no me importa en absoluto – me dice
acariciándome la mejilla.
- Lo sé, pero no puede pasar nada. Ahora tengo que
centrarme en ella. Lo siento Marco – le digo acariciando el dorsal de la mano
que me está agarrando.
- Está bien – me dice resignado – pero aún así me importas
y esto no me va a impedir que me sigas importando. Voy a estar contigo,
siempre.
- Gracias – le agradezco mientras sonrío y le abrazo.
Marco e Isco se tienen que
ir tras el entierro a Madrid y yo me voy a mi lugar favorito, la playa. Mirar
las olas del mar, como se mueven, el sonido que me llega, me relaja y me hace
pensar, reflexionar con lo que me va a tocar. Porque quiera o no me va a tocar
ser madre, madre de una niña de cuatro años. Y estoy sola, completamente sola,
está mi familia sí, pero solamente, la familia de Alex ha dejado claro que no
quieren vernos ni en pintura, piensa que la culpa de todo esto la tenemos
nosotros, desde el mismo momento en el que Alex y Natalia se casaron.
¿Y qué pasará con Marco? La
verdad es que no estoy muy segura. Verle aquí conmigo ha sido como un soplo de
aire fresco, ha sido como mi salvavidas. Me ha rescato del hundimiento.
Simplemente que un toque me ha devuelto a la realidad, no me ha dejado
hundirme. Y en ese preciso instante me he dado cuenta de una cosa. ¿De qué? De
que sin quererlo ni buscarlo me he enamorado de Marco, de su sonrisa, de sus
ojos, de sus palabras, de su risa, de su gesto cuando frunce el ceño al
enfadarse o cuando se pone serio pero no puede y acaba riéndose. Me he
enamorado de él. Y por ese mismo motivo
no quiero retenerle, no quiero ser ningún problema para él, ningún obstáculo
para que siga cumpliendo su sueño. Ahora tengo alguien más por la que
preocuparme y esta vez es en serio, tengo que ser un ejemplo para ella y buscar
siempre lo mejor para su bienestar.
Pero bueno… ¿Eso no
significa que no pueda seguir viéndole no? En algún momento le devolveré la
visita y le agradeceré como se merece el haber venido hasta aquí, por
preocuparse por mí.
Lo que no sabía es que ese
día iba a llegar más pronto de lo que me esperaba, que iba a volver a estar
junto a mi salvador, mi talismán, mi Marco, si MI, porque no sé si el destino o
no es el causante, pero Marco iba a permanecer en mi vida durante bastante
tiempo.
Hola amores!!
Aquí esta el nuevo capítulo, espero que os haya gustado. ¿Os esperabais que apareciera Marco?
Espero vuestros comentarios como siempre.
Gracias por leer.
Besos, María.

Comentarios
Publicar un comentario