NUESTROS
NUESTROS
Marco conduce en silencio,
intentando concentrarse en la carretera, aunque el tembleque en su pierna lo
delata. Está nervios, muy nervioso. No me ha dirigido la palabra en ningún
momento y estoy empezando a asustarme de verdad. ¿Qué le habrá pasado a Isco?
- Marco – le llamo.
No me contesta, su mirada
sigue fija en la carretera, pero sé que me está escuchando.
- ¿Qué ha pasado? ¿Está bien Isco? - le pregunto.
- Isco está bien, no me ha explicado mucho pero le notaba
raro, nervioso. Ha ido a mi casa y al no responderle me ha llamado – me explica
– cuando lleguemos nos lo explicará.
- Vale – le contesto no muy segura de sus palabras, sé que
me ha mentido.
El camino a casa de Marco se
me hace muy largo por el silencio, pero al fin llegamos. Aparcamos el coche y
vamos hacia la entrada del edificio. Y es entonces cuando le veo. Sentado en
las escaleras del portal, con las manos tapando su cara. Cuando oye pasos nos
ve, se levanta. Está llorando, lo sé. Me parte el alma verle así, nunca le
había visto así, Isco siempre está con una sonrisa en la cara.
Cuando nos acercamos Marco e
Isco se funden en un gran abrazo. No se dicen nada, simplemente se abrazan.
Cuando se separan, soy yo quien le abraza. Y le siento llorar en mi hombro.
¿Qué habrá pasado para que esté así?
Abrazándole subimos hasta
casa de Marco y nos sentamos en el sofá. Marco ha ido a por algo para beber y
un paquete de pañuelos. Se lo tiende a Isco y se limpia las lágrimas con un
pañuelo.
- ¿Qué ha pasado Isco? – le pregunto.
- Sofía quiere la custodia de Isco – me dice a duras penas
mientras vuelve.
- ¿Qué? No puede hacer eso – le miro incrédula y le abrazo.
Para aquellas personas que
no lo sepan Sofía es la madre de Isco Jr. No puedo creer que vaya a hacer esto.
El pequeño lo es todo para Isco. Es un padre genial. ¡Pero si se le cae la baba
con tan solo verle!
- ¿Algo se podrá hacer no? – pregunta Marco que está
sentado al otro lado de Isco.
- Me ha dicho que me llamarían sus abogados para
notificármelo – dice Isco.
- ¿Has intentado hablar con ella? – le vuelve a preguntar
Marco.
- Sí pero no quiere
hablar conmigo, no me coge el teléfono, no contesta a mis mensajes e incluso he
ido a su casa pero no me abre la puerta – nos explica Isco.
- ¿Pero ha pasado algo para que ella actúe así? – le pegunto esta vez yo.
- Que yo sepa no. Hasta ahora estaba todo bien, no sé que
ha podido pasar ahora – dice echándose las manos a la cara.
- No te preocupes, saldremos de está – le digo y me mira
confuso – No te vamos a dejar solo Isco – le digo y Marco asiente.
- Eres como un hermano para mi bro, voy a estar aquí para
apoyarte – le dice Marco.
- Muchas gracias pisha – le dice mientras vislumbro una
pequeña sonrisa – y gracias a ti también María.
- No las des. Tú estuviste conmigo cuando más lo necesitaba
– le dije cuando apareció en el entierro de Álex – Aún aparte de eso, también
estaría contigo. Soy tu amiga y para eso están los amigos – le sigo diciendo
mientras le sonrío.
Nos damos un abrazo grupal.
Al separarnos voy a preparar una taza con cola-cao. No hay nada mejor para
entrar en calor y quitar las penas, antes de ir a dormir. Isco se lo toma
tranquilamente. A veces pienso que es Isco el niño y no su hijo, porque vamos,
ha saboreado lo que ya no se puede saborear.
Al acabar Marco le lleva a
la habitación de invitados y cuando vuelve Isco ya se ha dormido. Entra en la
cocina y se le dibuja una sonrisa al ver otro tazón de cola-cao. Se le ilumina
la cara y se pone a beber la leche. He visto la manera en la que miraba a Isco
y supe que tenía envidia.
- Pobre Isco – le digo a Marco – no se merece esto.
- Lo sé – me contesta serio – no sé porque razón Sofía ha
decidido esto. Lo mejor para el peque es tener a los dos padres.
- Y además es que quiere la custodia total – le digo sin
creérmelo todavía – como gane el juicio Isco no podrá ver a su hijo.
- Y eso le partirá el corazón, su hijo lo es todo – me dice
triste mientras me agarra las manos - ¿Tú que harías?
- Yo jamás haría eso si estuviera en su situación, no sé el
motivo de esta decisión pero jamás lo haría, entendería el trabajo que tiene y
lo que supone, pero jamás le quitaría el derecho de ver y educar a su hijo – le
digo mirándole a los ojos.
- Es bueno saberlo – me dice mientras me sonríe – vamos a
la cama peque.
¿Acaba de insinuar Marco lo
que creo que acaba de insinuar? Creo que sí. Me ha hecho una pregunta trampa.
Quería cercionarse de algo, de algo que tiene que ver con los hijos. ¿Quería
saber qué es lo que yo haría si
tuviera un hijo suyo?
Creo que me va a dar algo
ahora mismo. Me pongo nerviosa sin quererlo mientras me pongo el pijama en el
baño. Empiezo a sudar. Me tiemblan hasta las piernas.
No creo haberlo interpretado
mal, me parece que no. No necesito salir de dudas.
Salgo de la habitación.
Marco esta sin camiseta y en calzoncillos. Sin duda alguna este hombre me
quiere matar hoy, porque madre mía, que cuerpo.
- ¿Te importa que duerma así? – me pregunta al verme –
María – me llama.
- ¿eh? Si no hay problema. Duerme como siempre – le
contesto después del trance en el que estaba y en el cual me había pillado
mientras le miraba de arriba abajo.
Mi pijama constaba de un
pantalón corto y una camiseta de tirantes un pelín transparente, que no paso desapercibido
para Marco. Pude ver cómo me recorría con su mirada de pies a cabeza y
viceversa.
Nos tumbamos en la cama y
apaga la luz. No puedo parar de pensar en lo de antes, en lo que hablamos en la
cocina.
- Marco – le llamo.
- Dime peque – me responde mientras quedamos el uno a la
altura del otro.
- Cuándo me preguntaste antes por lo de que yo qué haría si
fuera mi hijo, ¿por qué me lo preguntaste? – le pregunto curiosa y ansiosa por
saber la respuesta.
- Quería saber lo que pensabas por si alguna vez nos pasa algo
así con nuestros hijos, aunque yo espero que no, que sigamos igual de felices –
suelta así tan tranquilo.
- Estás muy seguro de qué vamos a tener hijos – le digo
mientras me sale una sonrisa nerviosa.
- Sé que lo vamos a tener. Tiempo al tiempo – me dice convencido.
- Bastante tengo yo ahora con Natt – le contesto.
- No has dicho que no así que ¿quieres tener hijos? – me
dice pícaro.
- Pues claro, siempre he querido tener hijos – le contesto.
- Hijos nuestros digo – suelta Marco.
- Eso ya lo veremos – le digo mientras me río.
Después de decirle aquello
me empieza a hacer cosquillas. No paro de reírme. Cuando para su mirada se
cruza con la mía y me besa.
Marco se ha quedado dormido,
me encanta verle dormir, está tranquilo y lleno de vida… Le acaricio con la
mano su torso desnudo mientras pienso. Pienso en lo afortunada que soy de
tenerlo en mi vida, en la manera que tiene de quererme, en esperarme hasta que
esté lista para ser suya, me encanta su manera de protegerme, de preocuparse
por mí.
Y mis pensamientos viajan a
otra parte. A Isco y al motivo por el que Sofía ha decidido eso. Estoy
dispuesta a averiguarlo. Y con esta intención me quedo dormida.
Hola amores!!
Aquí tenéis un nuevo capítulo!! Espero que os haya gustado. ¿Os esperabais que fuese este el problema de Isco? ¿Y la seguridad de Marco al decirle que van a tener hijos?
Espero como siempre vuestros comentarios.
Gracias por leer.
Besos, María.

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