COMENZANDO
COMENZANDO
Habían pasado un par de días
desde aquella noche, aquella noche donde todo termino y mi corazón se partió en
mil pedazos. Todos los días recibía un par de llamadas de Marco y miles de
mensajes. Pero no respondí a ninguno de ellos. Con los únicos con los que hable
fueron Isco y mi primo. Al primero para tranquilizarle de que estaba bien y al
segundo para desahogarme. Dani siempre ha estado ahí cuando más lo he
necesitado, no recuerdo que haya sido al contrario. Es un lazo bastante fuerte
el que nos une, un hermano mayor para mí. Porque claro si tenemos en cuenta a
mi hermano, a mi hermano verdadero… Desde la muerte de Alex la verdad es que no
ejerce ese papel, y no le culpo, yo tampoco he estado ahí para él, me he
dedicado en exclusivo a Natt.
¿Y cómo estaba yo? La verdad
es que bastante mal aunque intentaba aparentar delante de mi familia que todo
iba bien. Por el día lucía una sonrisa y por la noche lloraba desconsoladamente
en mi cama. Dolía mucho, era como si me faltará el aire para respirar. Y me
estaba ahogando. Pero sabía que tenía que ser fuerte, una vez más. Sabía que
tenía que seguir adelante por Natt y por mí misma. Así que he decidido comenzar
otra vez, empezar de cero.
Para comenzar de nuevo lo
primero que hice fue dejar de seguir a Marco en todas las redes sociales.
Cambiar mis fotos de perfil, ya que en todas estaba con la camiseta de Marco. Y
por supuesto guardar la camiseta en una caja en el fondo del armario. Me había
incluso planteado borrar las fotos en el móvil y quemar aquellas que tenían en
los marcos, pero me parecía demasiado cruel. Así que lo guarde en otra caja más
pequeña. Os preguntaréis porque lo guardo, es simple, en un futuro, cuando
vuelva a mirar estas fotos, la camiseta, me acordare de los buenos momentos
vividos con él y no de los malos, porque en ese momento, cuando lo consiga sin
que me haga daño verlo, querrá decir que le he olvidado, que llegue a la meta y
cumplí mi objetivo.
De repente oigo el móvil
sonar, la verdad es que se ha vuelto costumbre, cada dos por tres me suena. Y
culpable de ese sonido es sin duda la misma persona que siempre me manda
mensajes.
“¿Me has dejado de seguir en
las redes sociales?” – pregunta Marco y creo que no se cree que lo haya hecho.
“María” – me sigue diciendo.
“Sé que me estás leyendo” –
me dice.
“¿Qué está pasando?” – Me
vuelve a preguntar – “¿Por qué lo has hecho?
“María, por favor” – me
suplica.
“¿Peque?” – me llama.
Y ya no aguanto más, no
puedo seguir leyendo más mensajes, ni ver todos los que me manda al día. Por lo
que decido hacer algo al respecto, algo que no quería llegar a hacer, porque me
parece cruel, pero necesito hacerlo, para poder empezar a olvidarme de él. Así
que le bloqueo. Le bloqueo para no recibir ningún mensaje más. Cortar de raíz
todas las posibles vías de comunicación. Un paso difícil, drástico pero crucial
para poder seguir adelante.
Al día siguiente me levanto
tarde, es lo bueno de estar de vacaciones ya, que no me tengo que preocupar por
levantarme pronto ni por estudiar. Salgo de mi habitación y voy a la cocina a
prepararme el desayuno y el de Natt, que aun sigue dormida. Cuando voy a por la
leche al frigorífico veo una nota de mis padres.
“Hemos ido a hacer la
compra. Te ha llegado una carta, la tienes en el salón. Te quiere, mamá”.
Intrigada voy al salón para
coger la carta. Al verla veo escrito en grande: “María Ceballos”. Busco el
remitente pero no hay, así que no sé quien me ha enviado la carta. Ahora
incluso más que antes la curiosidad me mata y abro la carta. Y empiezo a leer.
“Antes que nada quiero decir lo siento, lo siento mucho
pequeña.
Siento tanto lo que hice… que por ese motivo te estoy
escribiendo esta carta, porque por palabras no sabría cómo expresarme aunque me
cogieras el teléfono, aunque no te culpo porque no lo hagas, te entiendo. Y por
eso mi carta. Al principio no sabía que decirte ni que poner, me aterraba el
hecho de no saber que decirte y dejar en blanco este papel. Pero creo firmemente que con esta hoja, con este
papel mis disculpas van a estar mejor, al menos sé que todo lo que quiero decirte
está escrito y puedas llegar a entenderme, pero sobre todo leerlo todas la
veces que necesites y sean necesarias.
Siento mucho haberte decepcionado, porque sí lo he hecho,
yo mismo me siento decepcionado con mi actitud, soy un completo idiota. La verdad
es que no sé muy bien como darte las explicaciones necesarias, ni si quiera
como pedirte perdón.
Por el contrario, sé perfectamente que me equivoqué, que
traicioné la confianza mutua que habíamos conseguido, y que por ende, tú habías
depositado en mí, en nuestra relación aunque al principio no vieses futuro y
que al final rompí todos los sueños e ilusiones que teníamos en ella. Porque
sí, lo rompí, pero aun sigo creyendo que esto puede funcionar. Y por eso te
pido perdón. Y quiero que sepas los motivos que me llevaron a esto, bueno el
motivo, el único motivo que me llevo a decepcionarte. Fue por miedo.
Tenía tanto miedo del camino que estaba tomando nuestra
relación, tenía tanto miedo de estar yendo tan deprisa que algo en mi interior
me obligó a dar un paso atrás. Y es que después de ese partido, después de
perder, un millón de cosas se me vinieron a la cabeza. ¿Por qué una chica tan
especial como tú se había fijado en alguien como yo, sino valgo nada? En ese
momento descargué toda mi frustración y furia contigo. E hice mal, lo sé. Pero
en ese momento pensé que tu merecías a alguien mejor que yo, alguien valiente,
fuerte, que te sacara sonrisas sin ton ni son, que te salvara de esa oscuridad
que se cierne sobre ti. Y yo no soy esa persona, no lo soy cuando yo tengo
también esa oscuridad sobre mí. Aún sigo intentando sobrevivir.
Y no fui consciente del daño que te estaba haciendo, no
lo fui la verdad. La verdad es que fue algo motivado por el egoísmo y por el
miedo. Egoísmo sí, porque pensé en lo mejor para mí y no para ti, ni para los
dos. Pensé que cuanto antes terminara todo menos sería después mi sufrimiento.
Y por eso te pido perdón.
No tengo ni la más remota idea de cuál es la mejor manera
para reparar el daño, pero estoy dispuesto trabajar y cuidar esta relación si
me das otra oportunidad. Porque si de algo estoy seguro en estos momentos, si
de algo he aprendido de este error, mí error, es de lo que quiero y de lo que
no quiero. Y por encima de cualquier miedo, de cualquier temor, te quiero a ti
y no quiero perderte.
Te dije en su momento que no me ibas a perder nunca, y
nunca lo harás. Pero mi corazón se quedará destrozado para siempre porque eres
la única que has sabido como recomponer los pedacitos que habían quedado él. Y
solamente tú eres la única persona que podrá hacerlo, solo tú.
Y no me importa el tiempo que pase ni lo que tenga que
esperar o hacer durante el camino, estoy dispuesto a lo que sea porque me
perdones, porque me des una segunda oportunidad para comenzar de nuevo. La he cagado sí, pero a veces uno
necesita pisar una piedra para darse cuenta de las cosas verdaderamente
importantes en su vida. Y tú, María, tú eres la persona más importante de mi
vida. Eres mi sol cuando todo a mi alrededor esta oscuro. Eres el motivo por el
que cada día sonrío como un tonto, un tonto que está enamorado de ti hasta las
trancas. Un tonto que lo único que puede pedir es perdón y esperar a que la chica
de sus sueños le perdone.
Te quiero pequeña.
TÚ Marco”
Acabo de terminar de leer la
carta y desde que he comenzado a leer no he parado de llorar. Desde el momento
en el que he leído el primer pequeña he sabido de quien se trataba. Ahora mismo
estoy demasiado confusa, intentando asimilar todas las palabras que me ha dicho
y el cómo ha llegado esta carta hasta aquí.
Nunca antes Marco me había
expresado tan abiertamente y sinceramente sus sentimientos, suele guardárselo
todo para él. Pero ahora… Ahora estoy jodida, muy jodida, no sé en qué pensar,
que hacer, ni cómo reaccionar ante esto. ¿Le quiero? Sin dudarlo. Pero el daño
está ahí.
Mientras sigo pensando suena
el timbre de casa. Supongo que son mis padres para que les ayude a subir la
compra a casa, por lo que abro la puerta sin ni siquiera mirar quien es. Cuando
alzo los ojos me encuentro con otros que me son muy familiares.
- María – me dice el chico que tengo ante mis ojos.
- ¿Qué… qué haces aquí Marco? – le pregunto sorprendida y
quitándome cualquier rastro de mi cara que indique haya estado llorando, aunque
los ojos rojos no ayudan mucho.
- Tenía que verte, explicarte todo – me dice mirando al
suelo arrepentido – Aunque veo que ya has leído mi carta – me dice al observar
que llevo en la mano su carta.
- Sí – le contesto en un susurro.
- ¿Entonces? – me pregunta esperanzado - ¿Me perdonas
María?
- Esto… yo… - digo dubitativa sin saber bien que decir – Lo
siento Marco – y le cierro la puerta en toda la cara.
No sabía qué hacer ni que
decirle, aún no había aclarado mis ideas y el miedo actuó por mí con lo primero
que se le ocurrió para desaparecer de allí, cerrarle la puerta, para así huir.
¿Y ahora qué hago? ¿Le
perdono o no le perdono? ¿Le doy una segunda oportunidad o no?
Esas preguntas rondan por mi
cabeza durante todo el día.
Hola amores!!
Aquí tenéis un nuevo capítulo!! Espero que os haya gustado. ¿Cómo os habéis quedado? ¿Os esperabais esto?
Espero también vuestros comentarios.
Gracias por leer.
Besos, María.

Comentarios
Publicar un comentario