CAER




CAER


Me despierto a las 7 de la mañana. ¿Y por qué tan pronto?  Mi tía se va a llevar a Natt de vuelta a Santander puesto que su padre ha cogido una semana de vacaciones. En cambio yo, me voy a quedar otra semana más aquí, en Madrid.

Natt no quiere separarse de mí en ningún momento, quiere que vaya con ella, pero a pesar de que mi alma se parte en pedacitos viéndola llorar, no puedo ir con ella. A mí aun me quedan vacaciones y necesito pasarlas aquí, cuanto más lejos de casa este mejor.

Al final consigo meter a Natt en la parte trasera del coche, después de decirla mil y una veces que me verá en una semana y que iremos a donde ella quiera cuando vuelva.

Las veo partir y un nudo se me forma en mi garganta, y ya no lo retengo más y dejo que las lágrimas se me escapen. Y en ese momento es cuando siento el abrazo de mi tío, intentando de alguna manera reconfortarme. Y es que, todavía no me he acostumbrado a decirla adiós, a estar separadas durante tanto tiempo.

Cuando vuelvo a mi cuarto comienzo a hacer una pequeña mochila para ir a Málaga, ya que es muy probable que ni siquiera me quede allí una noche y vuelva con los chicos otra vez a Madrid.

Termino rápido de arreglarme y mi tío me lleva al aeropuerto. Me despido de él y voy en busca de la terminal 3, de donde sale mi avión. El equipo llegara sobre el medio día, en cambio yo llegare sobre las diez. Quiero aprovechar el máximo de tiempo para hacer un poco de turismo y conocer la ciudad.

Cuando llego a Málaga siento un aire cálido sobre mi piel, a pesar de que estamos en primavera aún. Y es que aun no me he acostumbrado al clima tan cálido que hay.  Llego al hotel, al mismo hotel donde se alojarán los jugadores, y pido mi habitación en la recepción. Al llegar a mi habitación dejo la mochila y cojo el bolso con todo lo imprescindible y salgo a la calle para conocer la ciudad.


Es por la tarde ya cuando llego al hotel, sí, me he pasado todo el día fuera visitando los lugares históricos de Málaga. Ya que estoy aquí tengo que aprovechar.

Durante el trayecto a mi habitación no me encuentro con ninguno de la plantilla así que lo más probable es que estén reunidos o en sus habitaciones descansando. Al llegar a la mía me meto en la ducha para refrescarme y al salir oigo que me llega un mensaje al móvil. Miro y mi sonrisa está ahí otra vez, sin querer borrarse.

“¿Estás en Málaga ya?” – pone el mensaje de Marco a las doce del medio día.
“¿Hola?, ¿María?” – me sigue poniendo a la hora de la comida.
“Me estas preocupando, ¿dónde estás?” – me dice a las cuatro de la tarde.

Y mensajes de este tipo tengo un millón, y no solo de Marco, que es un amor preocupándose por mí, y si estoy bien. Sino que tengo mensajes de Dani y de Isco casi cada dos minutos, y algún que otro de Marcelo, Sergio y Bale.

Y os estaréis preguntando porque narices no he cogido el teléfono en todo el día, pues muy fácil, quería desconectar, desconectar 100%. Perderme por las calles de Málaga, no tener que preocuparme por nada ni por nadie, simplemente solo pensar en mí y en mis pasos, en donde me llevarán estos últimos. Necesitaba un día para ser yo, para cuidarme, para darme cuenta las cosas pequeñas que me da la vida, para apreciar la belleza que asoma por cada esquina de la ciudad. Un día para mí. Así que para no preocuparles más decido contestar.

“Estoy bien, y sí ya estoy aquí. Llevo visitando la ciudad desde primera hora de la mañana” – le contesto a Marco porque sé que es el que más preocupado va a estar y porque es con el único con el que me apetece hablar.

Al cabo de un minuto me llega otro mensaje.

“Joder María, me tenías preocupado. No vuelvas a hacerme eso. ¿En qué habitación estás?” – me pone y noto el tono preocupado en lo que me ha escrito.
“Habitación 2020 planta 2” – le contesto sin más.

Cuando termino de arreglarme, que no ha pasado ni cinco minutos alguien llama a la puerta. Al abrirla no me da tiempo a ver quién es porque sus brazos rodean mi cuerpo y me estrechan contra él, dándome un abrazo fuerte.

No necesito verle para saber de quién se trata, solo con su tacto, con oír el pulso acelerado sé que es Marco.

          -       No vuelvas a hacer eso ¿vale? – me dice mientras coloca sus dos manos en mis mejillas para que le mire a los ojos.
             -       Lo siento, pero necesitaba desconectar – le contesto mirándole a los ojos.
             -       Está bien – me dice resignado.

Le dejo que pase a mi habitación y cierro la puerta, ya que si se enteran de que está aquí se le cae el pelo.

             -       Te he traído una cosa – me dice sonriendo.

Veo que saca algo detrás de su espalda y me lo tiende. Lo cojo y veo que es una camiseta del Real Madrid, pero no una cualquiera, sino una con su nombre y con su número. Le miro con una sonrisa pero sin entender nada.

             -       Quiero que te la pongas hoy, ¿lo harías por mí? – me dice sonrojado y esperando a  que sea una afirmación.
             -       Por supuesto, me encantaría llevar tu camiseta – le contesto mientras le abrazo.
            -       Aunque bueno, hoy no creo que vaya a jugar, no salgo de titular – me dice un poco triste.
          -       No te preocupes, con más orgullo si cabe aun llevaré la camiseta – le digo sonriéndole para intentar animarlo.
            -       Gracias – me dice dulcemente mientras se sonroja – tengo que irme porque si me pillan me matan – me dice mientras va a hasta la puerta y la abre.
            -       Mucha suerte Marquito, aunque sé que no la vas a necesitar – le digo mientras le doy un beso en la mejilla.
             -       Muchas gracias peque – me dice sonrojándose otra vez mientras se va de vuelta a su habitación.


Estoy sentada en las gradas, a punto está de empezar un partido muy importante. Si ganaban hoy se proclamarían campeones de Liga, la Liga número 33. A mi lado se encontraba la novia de Lucas y Theo. Éramos las únicas que habíamos podido ir a verles, pero aún así íbamos a darlo todo en las gradas para animar a los blancos.

El partido empieza y los nervios se sienten en el ambiente. Todo el mundo está nervioso, impaciente, con ganas de salir vencedores en este partido. Y cuando menos lo espero ya estamos en el descanso. 2-0 a favor del Madrid. Ahora tenían que aguantar todo el partido así si querían ganar, puesto que el Barsa no había conseguido los puntos necesarios en su partido.

¡Habíamos ganado! ¡Lo han conseguido! ¡Son campeones! Las tres no parábamos de saltar de felicidad por los chicos. La afición a nuestro alrededor está eufórica. Como podemos bajamos hasta el campo y saltamos dentro. Busco con la mirada a los chicos y al primero que diviso es a mi primo, Dani, y no  puedo evitar salir corriendo para saltar sobre sus brazos. Le doy mil y un besos y le felicito mientras él no para de darme vueltas por el aire. Cuando me deja en el suelo sigo con la búsqueda. Porque sí, al que realmente quiero ver es a él, a Marco.

Y al fin le veo, Marco me ve y me abre sus brazos y yo no dudo ni un momento en salir corriendo hasta él. Al llegar me coge y me abrazo a él como si fuera un koala. Y los dos no podemos evitar reírnos.

            -       Lo conseguisteis – le digo eufórica.
            -       ¡Sí! Y todo gracias a ti peque – me dice mientras me da un beso en la mejilla.
            -       ¿Por mí, por qué? – le pregunto sin entender nada.
         -       Porque llevas mi camiseta y me has dado suerte – me dice mientras me vuelve abrazar y nos reímos.

Dejo que se marche para que lo siga celebrando con los chicos. Cada vez que me cruzo con alguno me da un abrazo y me da vueltas en el aire. Estos chicos están como cabras y al final yo me voy a acabar mareando.

En un intento de salir del campo para dirigirme otra vez a las gradas para salir me encuentro con Isco, quien no duda en abrazarme con fuerza y ponerse a saltar conmigo de felicidad. Y es ahí cuando noto que me están llamando al móvil.

Cojo el móvil del bolsillo del pantalón y veo que tengo cuatro llamadas perdidas. Con la emoción del partido y de la victoria no me había ni dado cuenta. Descuelgo el teléfono y me dispongo a contestar ante la atenta mirada de Isco.

           -       ¿Diga? – pregunto.
           -       María, por fin lo coges – oigo una voz entrecortada.
           -       ¿Mamá qué pasa? – pregunto al oírla tan rara.
           -       María hija… yo… - me intenta decir mientras oigo como llora.
          -       Mamá me estas preocupando – le digo ya alterada - ¿qué pasa? – le pregunto otra vez insistiendo.
           -       Alejandro ha tenido un accidente de coche – me dice llorando.
        -       ¿Qué? – pregunto incrédula con una mano en la boca - ¿cómo está? – vuelvo a preguntar aunque por el estado de mi madre creo que la respuesta no es muy buena.
           -       María cariño, Alex ha muerto – me dice llorando – iban en el coche de camino a casa cuando un coche se les ha atravesado.
           -       ¿Iban? ¿Quién más había en ese coche mamá? – pregunto ya histérica mientras mis lagrimas no paran de salir.
         -       También iba Natt en el coche – al decir su nombre mi mundo se vino abajo – pero tranquila Natt está bien, un poco asustada pero está  bien – me dice intentando tranquilizarme.
          -       Estaré allí lo antes posible, te quiero mamá – le digo antes de colgar sin que la de tiempo a despedirse.

Ahora mismo lo veo todo borroso, veo que Isco se acerca a mí preocupado, pero antes de que llegue hasta mí, caigo al suelo llorando desconsoladamente. Porque Alejandro, Alex, es el padre de Natt. Y he compartido tantas cosas con él… Hemos sufrido y superado juntos la pérdida de mi hermana. Era para mí un apoyo incondicional y ahora mismo él ya no está aquí, otra persona importante que desaparece.

       -       ¿María que ha pasado? – me pregunta Isco mientras me abraza intentando consolarme.
            -       El padre de Natt ha sufrido un accidente y no ha sobrevivido – le digo a duras penas ya que mi llanto me lo impide.
          -       Dios santo – dice mientras me aprieta más fuerte - ¿Quieres que vaya a buscar a Dani? – me pregunta.
            -       No – le contesto mientras sigo aferrada a él.
            -       ¿A Marco? – me vuelve a preguntar.
           -       Nooo – le contesto tajante mientras le miro – No les digas nada, tienen que disfrutar de la victoria y tú también Isco.
            -       Pero… - intenta decir.
         -    Nada de peros, me voy a Santander ahora mismo. Diles lo que ha pasado cuando hayáis acabado la celebración – le digo seria mientras me quito las lágrimas de la cara – Toda la celebración – le miro directamente a los ojos.
        -       Está bien, prométeme que me llamarás cuando llegues – me dice preocupado mientras me abraza.
             -       Te lo prometo – le digo.

Y antes de que pueda decirme algo más salgo de allí corriendo, rumbo al hotel y de allí al aeropuerto.



Y aquí estoy otra vez, hundida hasta en lo más profundo. En el mismo instante en el que me caí al suelo, yo también caí. Volví a caer en ese oscuro abismo, en esa negrura que es mi alma ahora, ahora que sufre, que está llena de ira, enfadada. Enfadada sí, por la pérdida de otro ser querido. Porque parece que esta vida lo único que hace es darla una puñalada tras otra, porque no tiene ni un momento de paz, de tranquilidad, de volver a querer, a amar. Porque sí, ya no quiero ni amo de la misma manera. ¿Para qué? Para que voy a hacerlo si cuando quiero o amo a alguien esa persona desaparece de mi vida para siempre. Cuando menos me lo espero, cuando vuelvo a ser feliz, otra vez vuelvo a caer. ¿Por qué a mí? Esa pregunta me la hago muchas veces, pero sigo sin obtener una respuesta. Sigo sin saber por qué, sin saber lo que el destino tiene preparado para mí. ¿Me dejará ser feliz alguna vez? Mi respuesta en este momento es no, pero lo que no sabía es que con el paso del tiempo esa respuesta negativa se convertiría en afirmativa. El destino, el mundo, la vida, quería que volviera a ser feliz, solo que tenía que ser paciente y esperar a que llegara. 



Hola amores!!!

Aquí tenéis otro capítulo, ¿os ha gustado? ¿os esperabais esto? ¿Qué va a pasar ahora entre Marco y María, ahora que ella se va?

Espero vuestros comentarios.

Gracias por leer.

Besos, María.


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