VOLVER 2
VOLVER 2
Los días pasaban, los campos
se llenaban de vida, las flores crecían, el tiempo pasaba y poco a poco y con
ello mi desesperación. Un mes había pasado, un mes desde que la conocí y un mes
desde que ella se marchó de mi vida para a lo mejor no volver más.
¿Y por qué no he hablado con
ella? Porque creo que necesita tiempo para asimilar todo lo que la está
sucediendo, tiempo para ella, para que vuelva su sonrisa a iluminar el mundo.
Además, yo tengo que estar concentrado en los próximos partidos, aunque no es
fácil, siempre aparece en mi mente. Y es que habíamos llegado a la fina. ¡S, a
la final de la Champions! Y necesita
concentración. ¿Y la echaba de menos? Por supuesto. Me encantaría simplemente
volver a oír su voz, escuchar lo que hace durante el día, como se siente o
simplemente oírla hablar de cualquier tema. Pero creo que esta vez tengo que
esperar a que ella me llame. Espero que lo haga pronto. ¿Por qué? Porque a
veces una persona tiene la necesidad de alejarse del mundo, de la gente que le
rodea. A veces se necesita, para volver a encontrarse a uno mismo, para
recuperar la persona que eras. Y es lo que creo que ella necesita. Desconectar
del mundo, de todos, y aunque eso me doliera, también a mí. Ni si quiera había
hablado con Dani e Isco, y mira que lo intentaron. Pero se ha cerrado en banda.
Sólo me queda esperar,
esperar y de mientras termino mi maleta para ir hacia el aeropuerto. Cuando
llegamos todos ponemos rumbo a Cardiff, rumbo a la final. Mi padre, mi hermano
y mis amigos van a ir a ver la final. Tengo ganas de verles, pero también estoy
muy nervioso. Mucho. Es una final importante, nos jugamos mucho y yo… Yo nunca
he disputado una final de este calibre, pero… Estoy preparado.
Cuando llegamos los fans nos
están esperando en el aeropuerto y en la entrada del hotel.
- Madre mía cuanta gente – dice Dani.
- Y que lo digas – le contesto flipando un poco con la
gente que se arremolina en la entrada.
Después del entrenamiento en
el estadio, nos dirigimos al hotel, cenamos y nos vamos a la habitación.
Comparto habitación con Nacho quien se encuentra hablando con su mujer, María.
Intento dormirme pero no
puedo.
- Marco ¿estás bien? – me pregunta Nacho.
- Sí – musito simplemente.
- No te creo, no estás bien – me dice mientras se sienta en
mi cama.
- No te preocupes – le digo.
- Cuéntamelo, venga – me insiste – Es María ¿no? – vuelve a
decirme.
- Sí – le contesto mientras agacho la cabeza.
- ¿Qué pasa con ella? – vuelve a preguntarme.
- La echo de menos – le confieso.
- Estás enamorado y coladito por ella, chaval – afirma mientras
se ríe y me da una palmada en la espalda.
- Esto… - intento decir mientras me sonrojo.
- ¿Hay algo más verdad? – pregunta otra vez.
- Sí – le digo – llevo tiempo sin hablar con ella y quiero
volver a escuchar su voz.
- ¿Y por qué no la hablas? – intenta averiguar el motivo
por lo que no lo hago.
- Porque creo que necesita tiempo para estar sola después
de la muerte de su cuñado – le digo.
- Tienes razón, pero tarde o temprano tendrás que hacerlo –
me dice – le vendrá bien hablar con alguien y distraerse y quien mejor que tú
para hacerlo – me dice mientras levanta las cejas.
- Calla anda – le digo mientras reímos.
Nacho se va a dormir y yo me
debato en si mandar a María un mensaje o no. Finalmente, mis ojos pesan
demasiado y al final me vence el sueño.
Estoy en los vestuarios del
estadio, terminando de colocarme las botas. Algunos jugadores están saliendo al
pasillo para ver a sus familiares, ya que nos van a dar la oportunidad de que
les veamos unos minutos antes de comenzar.
Oigo mucho barullo al
principio y después todo el mundo se calla. No entiendo que está pasando pero
no me preocupo mucho la verdad. Salgo del vestuario con la mirada baja, como
últimamente hago. Me acerco a mi padre y a mi hermano, y les saludo con un
efusivo abrazo.
Todo se queda en silencio y
me doy cuenta de que todo el mundo me está mirando y no entiendo por qué.
- ¿Oye chicos por qué me miráis tanto? – pregunto al
percatarme de lo que está pasando.
Ninguno de ellos me contesta
sino que sus miradas viajan hacia un punto tras de mí. Entonces me doy la
vuelta y busco lo que todo el mundo está mirando. Hasta que mi mirada se posa
en la de ella, nuestras miradas vuelven a estar conectadas. Abro los ojos sin
poder creerme lo que mis ojos están viendo y ella me sonríe. La verdad es que
es una situación muy cómica porque estamos los dos estáticos en medio del
pasillo con todo el mudo pendiente de lo que vamos a hacer a continuación.
Veo como María da pasos hacia
mí y no puedo evitar hacer lo mismo que ella y acercarme. Cuando estamos a un
paso de tocarnos nos paramos y nos miramos a los ojos. Cuanto había extrañado
esa mirada.
Y en ese momento acorto la distancia
y la abrazo, la abrazo como si no hubiera un mañana y ella me agarra con
fuerza. La acerco más a mi cuerpo, aspiro su olor y no permito que se aleje a
mí.
- ¿Qué haces aquí? – le pregunto después de soltarla sin
entender nada.
- No podía perderme este partido tan importante – me dice
mientras me sonríe.
- Pero… - intento decir.
- Nada de peros, ahora vas a salir al campo y lo vas a
hacer genial – me corta mientras sonríe – además llevo tu camiseta así que hoy
tenemos suerte – me sigue diciendo.
La abrazo de nuevo y me fijo
en que lleva puesta mi camiseta y sonrío sin más. Al volvernos a separar nos
encontramos rodeados por todo el equipo. Isco me aparta de un codazo y sus
brazos envuelven a María. Mientras todos saludan a María yo vuelvo con mi
familia.
Antes de ir al campo busco a
María y me acerco a ella.
- María – la llamo y se gira para mirarme.
- ¿Qué? – me pregunta mientras la cojo ambas manos y las
entrelazo.
- Gracias por venir, de verdad, significa mucho para mí que
estés aquí conmigo – le digo mientras le doy un beso en la mejilla, muy cerca
de la comisura de sus labios.
- No tienes porque dármelas, sé que he estado desaparecida
durante este mes, pero hoy es un día muy importante para ti y quería estar aquí
contigo para apoyarte y vivirlo contigo – me dice mirándome a los ojos.
- Eres maravillosa – la digo mientras la abrazo.
- Buena suerte Marquitos aunque no la vas a necesitar – se
despide de mi dándome un beso en la mejilla.
Veo como se aleja hacia las
escaleras que la llevarán a las gradas y antes de que desaparezca digo:
- Te quiero pequeña – suelto sin más, sin pensarlo ni nada,
solamente me he dejado llevar por lo que sentía.
No sé si me ha oído o no,
tampoco me importa mucho. La quiero sí y mucho. Pero no soy capaz de decírselo a
la cara, cuando la he tenido cerca no he tenido el valor de hacerlo. Tengo
miedo de que no sienta lo mismo por mí, pero es solo verla y cada vez me
enamoro un poco más de ella.
Me concentro en el partido y
dejo que mi respiración y corazón dejen de latir con tanta fuerza.
- Qué chavalín, ahora estás más contento ¿no? – me dice
Sergio y toda la plantilla empiezan a reírse.
La verdad es que verla me ha
alegrado y ahora voy a salir al campo mucho más motivado, sabiendo que ella va
a estar en las gradas apoyándome.
Lo que no sabía es que iba a
disfrutar de algo más que jugar un partido de fútbol.
Hola amores!!!
Aquí tenéis un nuevo capítulo y espero que os haya gustado.
Espero también como siempre vuestros comentarios.
Gracias por leer.
Besos, María.

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