CAER 2




CAER 2


Me levanto temprano, hoy es el día del partido y me encuentro muy nervioso. No sé lo que nos va a deparar esta tarde, sólo quiero dar lo mejor de mí mismo si tengo la oportunidad de salir al campo a demostrarlo.

También tengo ganas de ver a María. Estos últimos días que he pasado con ella han sido especiales, me ha hecho sentir muchas cosas que creía perdidas, que pensé que jamás volvería a sentir. Pero ella es especial, lo supe desde el primer instante en que la vi. Y no estaba equivocado.

Bajo a desayunar mientras sigo pensando en ella, cuando llegan están todos ya en la mesa y cuando me ven Isco, Dani, Theo y Lucas empiezan a reírse de algo. Me paro frente a ellos y las risas dejan de sonar pero sus miradas, sus miradas… ¿Qué estarán tramando?

         -       ¿Qué tal anoche? – pregunta Lucas mientras se ríe.
         -       ¿Qué tal de qué? – le pregunto sin entender nada.
         -       De la conversación con TU pequeña – contesta esta vez Theo.

El resto empieza a reírse sin disimular. Miro a Isco con el ceño fruncido. Ya les ha ido al resto con la conversación que tuve anoche con María.

Me siento al lado de ellos enfadados. Son de lo que no hay.

         -       Pero no te pongas así hombre – dice Dani.
         -       Iros por ahí – digo  molesto.

Se vuelven a reír pero esta vez dejan el tema de lado y nos concentramos en el partido de esta tarde.

Después del calentamiento en el gimnasio, sobre las doce del medio día le mando un mensaje a María para saber si ya había llegado, ya que no me había mandado nada y quería verla antes de marcharnos al campo.

 “¿Estás en Málaga ya?” – le pongo en el mensaje.

Veo que no está conectada así que supongo que seguirá en el avión. Dejo el móvil en la cama y me meto en la ducha para relajarme un poco. Los nervios están pudiendo conmigo.
A la hora de la comida sigo sin recibir ninguna respuesta por parte de María, así que sigo insistiendo.

“¿Hola?, ¿María?” – la pongo esperando una respuesta por su parte.

Al cabo de un rato y al no tener respuesta de María, busco a Dani.

         -       Dani, tío. ¿Has hablado con María? – le pregunto preocupado.
         -       No ¿por? – me pregunta curioso.
         -       Se supone que ya debería de estar aquí y no contesta a mis mensajes – le digo.
         -       Intentaré llamarla a ver – me responde.

Aún así, no puedo estar tranquilo.

“Me estas preocupando, ¿dónde estás?” – le mando otro mensaje a las cuatro de la tarde.

Y a partir de ese momento, empiezo a mandarle mensajes cada poco tiempo. Me estoy empezando a preocupar mucho. ¿Y si la ha pasado algo? Me da algo si la llega a ocurrir cualquier cosa.

Dani también sigue insistiendo pero no recibe ninguna respuesta e incluso Isco, Marcelo, Sergio y Bale se unen para mandarla mensajes e intentar localizarla. Todos estábamos preocupados y esperamos que nos respondiera a alguna llamada que la hacíamos o simplemente nos conformábamos con que nos respondiera a un mensaje.

Estaba en mi habitación dando vueltas, con el corazón acelerado y el móvil en mi mano. Estoy pensando en qué hacer si sigue sin dar señales de vida. De repente mi móvil vibra.
Un mensaje.

Desbloqueo el móvil corriendo y aparece un mensaje de María.

 “Estoy bien, y sí ya estoy aquí. Llevo visitando la ciudad desde primera hora de la mañana” – me responde María.

Suspiro aliviado y me siento en la cama como puedo.

Está bien y eso es lo que importa aunque casi me da algo.

 “Joder María, me tenías preocupado. No vuelvas a hacerme eso. ¿En qué habitación estás?” – le contesto enseguida a su mensaje.

“Habitación 2020 planta 2” – me responde sin más.

¿Habitación 2020? Que surrealista y que coincidencia.  Aún así cojo una de mis camisetas con mi número y voy en busca de su habitación.

He cogido la camiseta porque quiero que se la ponga en el partido, me haría mucha ilusión que se la pusiese, además de que creo que me dará suerte, porque desde que ha aparecido en mi vida, solamente me han pasado cosas buenas.

Encuentro su puerta, respiro hondo y llamo a la puerta. Espero en silencio a que me abra. Mi pulso se acelera solo de pensar que tras esa puerta está ella.

María me abre la puerta y ni siquiera la doy tiempo para decir ni hacer nada ya que paso mis brazos sobre ella y la envuelvo en un abrazo, acercándomela más a mi cuerpo. No quiero que se separe de mí, no quiero soltarla.

Respiro sobre su cuello, impregnándome de su aroma y siento como tiembla con cada caricia de mi mano sobre su espalda. Está nerviosa, pero como yo. Es lo que ella me provoca y por lo que veo, lo que yo le provoco a ella.

        -       No vuelvas a hacer eso ¿vale? – le digo mientras coloco mis dos manos en sus mejillas para que me mire a los ojos.
           -       Lo siento, pero necesitaba desconectar – me contesta mirándome a los ojos.
           -       Está bien – la contesto resignado.

Me deja que pase a su habitación y cierra la puerta, ya que si se enteran de que estoy aquí se me cae el pelo.

           -       Te he traído una cosa – le digo sonriendo.

Saco tras mi espalda la camiseta y se la doy. Ella lo coge y ve que es una camiseta del Real Madrid. Le da la vuelta y sus ojos se abren de la sorpresa al ver mi nombre y mi número en la parte de atrás. Se le dibuja una sonrisa preciosa en la cara pero me mira sin entender nada.

         -       Quiero que te la pongas hoy, ¿lo harías por mí? – le digo mientras me sonrojo y espero a  que su respuesta sea una afirmación.
            -       Por supuesto, me encantaría llevar tu camiseta – me contesta mientras me abrazo.
           -       Aunque bueno, hoy no creo que vaya a jugar, no salgo de titular – le sigo diciendo un poco triste.
         -       No te preocupes, con más orgullo si cabe aun llevaré la camiseta – me responde sonriéndome para intentar animarme.
          -       Gracias – la contesto dulcemente y ella se sonroja – tengo que irme porque si me pillan me matan – la sigo diciendo mientras voy hasta la puerta y la abro.
            -       Mucha suerte Marquito, aunque sé que no la vas a necesitar – me dice mientras me da un beso en la mejilla.
           -       Muchas gracias peque – le respondo sonrojado por su beso y ella se sonrojo cuando la llamo peque.

Me encantaría quedarme con ella pero no puedo, por lo que con una gran fuerza de voluntad salgo de su habitación y me dirijo a la mía para cambiarme.


El partido comienza, las gradas están abarrotadas, las aficiones de ambos clubs estaban repletas de euforia y con ganas de ver el partido. Yo estaba muy nervioso y estar en el banquillo sin poder hacer nada me mataba. ¡Yo quería salir! Quería aportar mi juego al equipo.

El balón comienza a rodar y el público grita eufórico. Llegamos al descanso con 2 a 0 a nuestro favor. Ahora solo teníamos que aguantar así el segundo tiempo, ya que el Barsa no había conseguido los puntos necesarios en su partido.

El árbitro pita el final del partido. ¡Hemos ganado! ¡Lo hemos conseguido! ¡Somos campeones! Vamos corriendo al centro del campo para celebrarlo con el resto del equipo. No puedo estar más contento. ¡Mi primera liga! Y con el mejor equipo del mundo.

Busco entre la gente, ya que los familiares que habían asistido al partido estaban ya sobre el césped, a María. Y cuando la encuentro abro los brazos para que venga y ella sin pensárselo dos veces sale corriendo hasta mí. Al llegar la cojo y me abraza como si fuera un koala, enrollando sus piernas a mi cintura. Los dos no podemos evitar reírnos.

         -       Lo conseguisteis – me dice eufórica.
         -       ¡Sí! Y todo gracias a ti peque – le contesto mientras le doy un beso en la mejilla.
         -       ¿Por mí, por qué? – me pregunta sin entender nada.
         -       Porque llevas mi camiseta y me has dado suerte – le digo mientras la vuelve abrazar y nos reímos.

María me deja irme y me voy con el resto de los chicos para seguir celebrándolo. Doy un abrazo a Isco y veo que se dirige a donde está María, quien se iba ya del campo del fútbol.
Al cabo de un rato vuelvo a mirar en el lugar donde estaban hablando Isco y María y veo como ella sale corriendo.

¿Qué habrá pasado?

Me acerco a Isco preocupado.

            -       ¿Qué ha pasado Isco? – le pregunto.
            -       ¿El qué? – me pregunta sin entender nada mientras se gira a mirarme.
            -       Con María – le respondo mientras veo como intenta ocultar su cara de preocupación – Se ha ido corriendo.
          -       Ahhh, no te preocupes, está bien – me responde pero no creo nada de lo que me dice – Tenía que irse, se le había olvidado que tenía que comprarle un regalo a Natt por el viaje – me sigue explicando.
            -       ¿Seguro? – le pregunto no muy convencido.
            -       Sí – me contesta - ¡Hemos ganado! – me grita cambiando de tema.

Mi preocupación  no se va a ningún momento, intento llamar a María mientras estamos esperando a que el avión despegue, pero no me lo coge. Por lo que me dijo Isco, iba a coger un avión antes que el nuestro, pero no sé porque tengo una mala sensación, tengo un mal presentimiento.

            -       Isco – le hablo ya que está sentado junto a mí.
            -       Dime – me responde mientras me mira.
            -       Sé que me has mentido – le digo serio - ¿Dónde está María? – le pregunto.
            -       En Santander – me contesta resignado.
            -       ¿Qué hace allí? ¿Por qué no se ha despedido de mí? – le pregunto nervioso.

Mi mente empezó a divagar y a hacer conjeturas precipitadas. ¿No le gustare? ¿Se ha ido para no volver más? Más preguntas de ese estilo se me arremolinaban en mi cabeza y empiezo a ponerme nervioso, más de la cuenta. Eso y a sentirme mal, porque hay una posibilidad de que a María no le guste, de que no sienta lo mismo que yo.

            -       Le han llamado sus padre y ha tenido que volverse pronto – me dice triste.
            -       ¿Por qué? ¿Qué ha pasado? – pregunto preocupado.
            -       Natt y su padre han tenido un accidente – me dice serio.
            -       ¿¡QUÉ!? – pregunto exaltado.
            -       El cuñado de María no ha sobrevivido – me responde sin rodeos.

No me puedo creer lo que acaba de pasar, no puedo. Después de las conversaciones que hemos tenido creo entender cómo debe de estar María. Y no quiero ni imaginármelo, no quiero, no puedo.

Debe de estar hundida, hundida en lo más profundo. Habrá vuelto a caer, a caer en ese oscuro abismo que yo también he visitado, esa negrura en la que se convierte nuestras almas, en la que se habrá convertido la suya, ya que ahora sufre, debe de estar sufriendo y mucho. La pérdida de un ser querido, de otro, hace que tu alma se quiebre un poco más.

Parece ser que esta vida lo único que hace es dar puñaladas por la espalda, a mí o a la gente que me importa. Hace que no amemos de la misma manera, ¿por qué para qué? Si cuando empiezas a amar a alguien esa persona después desaparece. Pero apareció María en mi vida, apareció y volví a amar, volví a querer. Y no sé por qué, pero sé que ella me va a hacer feliz.

El destino, el mundo, la vida, quería que volviera a ser feliz, solo que tenía que ser paciente y esperar a que llegara.

Aunque la felicidad en mi vida ya ha llegado, María ha llegado a mi vida.







Hola amores!!!

Aquí tenéis un nuevo capítulo!! Espero que os haya gustado y que dejéis vuestros comentarios.

Gracias por leer y comentar.

Besos, María.



Comentarios

Entradas populares de este blog

AGRADECIMIENTOS

LLUVIA

¿SÍ O NO?