SIMPLEMENTE TÚ 2




SIMPLEMENTE TÚ 2


La gente grita eufórica y los nervios están a flor de piel. Acaba de comenzar la segunda parte y el marcador esta 1-1 frente a la Juventus. No sé lo que va a pasar a continuación, no sé quién va a ganar o no, porque ahora todo está muy igual.

Y cuando menos lo espero estoy saltando de alegría, en el minuto 60 Casemiro ha metido un golazo, dándonos la oportunidad de ponernos por delante del marcador. Y no han pasado ni tres minutos cuando vuelvo a saltar del banquillo, Cristiano ha marcado su segundo gol. La victoria se está tocando con la punta de los dedos.

Y en el minuto 81 llega el momento más esperado, el momento por el que he soñado tantas veces y aquí está. Salgo al campo y entra Isco, quien se va con una gran ovación por parte del público. Nos damos un abrazo y con eso está todo más que dicho. Dejo los nervios en cuanto piso el campo y me concentro en el partido y en dar lo mejor de mí mismo.

Corro todo lo que más puedo, no pienso en nada más que en el balón que tengo en mis pies y en la portería que tengo enfrente. Chuto con todas mis fuerzas, el balón sale disparado con fuerza y entra por toda la escuadra de la portería. En el minuto 90… ese minuto que quedará grabado en mi memoria para siempre. La grada estalla eufórica.

Corro hacia las gradas esquivando a mis propios compañeros que quieren celebrar el gol conmigo, pero yo tengo un objetivo. Salto las gradas y abrazo con fuerza a mi padre y a mi hermano. Había prometido que mi primer gol en la Champions lo celebraría con ellos. Les miro a los ojos a ambos y sé lo que quieren decirme, lo orgullosos que están de mí.

Miro a mi alrededor buscando a una persona, a la persona que me saca sonrisas sin ton ni son. Cuando la encuentro veo que ella me sonríe y no puedo evitar corresponderle de la misma manera. Mi sonrisa es amplia como cada vez que la veo. La guiño un ojo y vuelvo al capo para esta vez sí, celebrarlo con mis compañeros. En este momento alzo mis manos y señalo al cielo, dedicando el gol, como todos los de mi vida, a mi madre, que sé que dónde quiera que este, va a estar viéndome y sintiéndose orgullosa de su hijo, de lo que he conseguido y en lo que me he convertido.

Pero la dedicación de mi gol aún no ha terminado, y no sé por qué razón o motivo, simplemente sigo lo que siento en este momento. Me giro nuevamente a las gradas, la miro y ella centra toda su atención en mí. Cuando lo hace, cuando tengo toda su atención, formo con mis manos un corazón y la señalo. Veo como abre los ojos llena de sorpresa y como se pone poco a poco roja de la vergüenza. Y es que desde que la conozco ha provocado en mí sentimientos ya olvidados, y la verdad, es que la quiero, la quiero y a quien mejor que ella para dedicarle mi gol, al motivo de mis sonrisas.

El partido continúa y de vez en cuando miro hacia las gradas y veo como tiene una sonrisa permanente en su cara, haciendo que yo tampoco deje de sonreír cuando la miro. El partido termina, llega a su fin, al final, ganando así mi primera Champions.

Veo como la gente, los familiares saltan al campo. Quiero buscarla pero primero me encuentran mi padre y mi hermano. Les abrazo con fuerza y de repente me derrumbo, comienzo a llorar, lo hago por lo feliz que estoy y a la vez triste, me falta mi madre, mi guía, la persona que más me ha apoyado con el fútbol.

Me saco fotos con todos cuando me tranquilizo y suelto todo. Pero mi mirada sigue distraída.

          -       ¿A quién buscas? – me pregunta mi padre.
         -       Está claro papá – dice Igor, mi hermano – Busca a la chica morena de antes – sigue diciendo mientras se ríe.
          -       Así que una chica ¿eh? – dice mi padre mientras me mira divertido.
          -       Anda, dejadme los dos en paz – les digo riendo y marchándome lejos de ellos.

La busco entre la gente y finalmente la encuentro rodeada de su familia. No puedo esperar más y me acerco a ella por detrás. Llego hasta ella y la abrazo con fuerza. Siento como se tensa y me río por ello, en cuanto me escucha vuelve a relajarse, como si supiera que soy yo. Aunque si fuese al revés, distinguiría su risa en cualquier parte. María se gira poco a poco sonriendo y cuando nos encontramos el uno frente al otro nos damos un abrazo.

          -       Estoy muy orgullosa de ti – me dice al oído mientras seguimos abrazos.
         -       Gracias a ti por estar aquí, me das suerte – le digo mientras me separo de ella para mirarla a los ojos pero sin dejar de rodear con sus brazos su cintura.
         -       Nos las des, quiero estar en los momentos importantes de tu vida, verte cumplir tus sueños – me dice y no puedo morir de amor en este momento.

¿Por qué es tan perfecta? Me acerco a ella y la doy beso en su mejilla como respuesta a lo que me ha dicho.

         -       No sé si te has dado cuenta o no, pero te he dedicado el gol – la digo de repente sonrojándome un poco.
           -       Me di cuenta sí. Gracias – me dice mientras me abraza de nuevo.

Y así de esta manera nos quedamos durante unos minutos. Solos ella y yo. Disfrutando del calor del otro, de la respiración, oyendo el latido de nuestros corazones acompasándose para ser solo uno.

            -       Tu madre estaría muy orgullosa – me dice susurrando al oído.

En el momento en que María me dice esas palabras rompo a llorar. Me ha vuelto a recordar a mi madre pero esta vez creo que no lloro de tristeza sino de saber que puede ser que si que este orgullosa de mí. No es lo mismo que me lo diga mi padre o mi hermano. Que me lo diga ella, significa mucho para mí.

María me abraza con fuerza, como si fuera posible hacerlo más de lo que lo hace ya. La siento respirar en mi cuello y acariciar mi espalda, haciendo ver que está aquí conmigo, que estará para mí.

           -       Gracias, de verdad, significa mucho para mí – le contesto mientras me separo para decírselo a los ojos.

Mis lágrimas siguen surcando mi cara pero no me importa, ahora lo que me importa es ella, en su mirada, en su boca, en esas ganas horrorosas que tengo de besarla. Alza sus manos de repente y con sus pulgares limpia las lágrimas que siguen surcando mi cara. En ese momento nos quedamos fijamente mirándonos, olvidándonos de la cantidad de gente que hay a nuestro alrededor. Mi mirada viaja hasta sus labios.

Voy a besarla, necesito besarla y sentirla conmigo.

              -       ¡María! – grita Isco acercándose a María y separándome con un empujón.
            -       Isco – dice María casi en un susurro tras salir a la realidad después del momento tan especial que habíamos tenido.

Me voy a cagar en Isco y en todo lo que se menea. En cuanto le pille solo… Se va a enterar.

Veo como se dan abrazo y después, me coge de los hombros y me aleja de María. Voy a replicarme pero no me deja. No quería que me alejara, estaba muy bien donde estaba.

              -       Siento haberos cortado el rollo – me dice Isco – Pero creo que no era el momento ni el lugar – dice serio.
               -       ¿Por qué? – le pregunto sin entender nada.
               -       ¡Tú has visto donde estamos! – dice incrédulo – si que estabas embobado.
               -       Cuando estoy con ella pierdo la noción del tiempo – le contesto sinceramente.
            -       Hay Maquito… te nos has enamorado – dice mientras me da palmadas en el hombro – Anda vamos a recoger las medallas – dice finalmente mientras lanza un suspiro.


Cuando acaban de darnos las medallas volvemos al campo. Me encuentro con Isco, Isco Jr, el hijo de Isco, y con Lucas hablando cuando me giro y la veo otra vez. Me separo de los chicos sin decirles nada y me acerco casi corriendo hasta ella. Necesitaba volver a sentirla conmigo, así que cuando la alcanzo la envuelvo en un abrazo.

             -       Te quiero – la digo mientras me separo un poco para mirarla a los ojos – antes del partido quise decírtelo pero no tuve la suficiente valentía como para decírtelo – le confieso.
            -       Te oí, cuando me marchaba a las gradas te oí decirlo, pero no estaba segura de haber oído eso o no – me contesta mientras baja la mirada avergonzada.

¿Me oyó? Qué vergüenza, aunque mirándolo por el lado bueno… Ya es la segunda vez que se lo digo y se lo diré todas las veces que haga falta.

             -       Pues oíste bien – la digo seguro de mí mientras mis manos toman sus mejillas y la obligo a que me mire a los ojos.
              -       ¿Por qué? – me pregunta - ¿Por qué yo?
           -       Porque simplemente eres tú – la contesto sin poder explicarla nada más  y ella simplemente sonríe tras oír mis palabras.

Y sin esperarlo, sin importar nada ni nadie, hago lo que llevo hace tiempo queriendo hacer. Me acerco a ella y la acerco más a mí. Nuestras miradas siguen conectadas igual que el primer día que nos vimos. Y por fin lo que estaba esperando, lo que estábamos ambos esperando. Nuestros labios se encontraron fundiéndose en un dulce beso. Un beso lleno  de sentimientos y en el que poco a poco se iba intensificando. Un beso en el que ninguno de los dos quería separarse pero que por falta de aire nos tuvimos que separar.

Nos volvimos a mirar a los ojos esperando ver la reacción del otro. Vi su mirada llena de vida, llena de alegría, una mirada que quería decir todo y a la vez nada, pero que finalmente acabo por soltar, llenándome plenamente con sus palabras.

                -       Yo también te quiero Marco.









Hola amores!!


Siento mucho la tardanza, pero las prácticas y el trabajo de fin de grado me tienen muy ocupada. Espero como siempre que os haya gustado y que comentéis.

Gracias por leer y comentar.

Besos, María.



       

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