MÁS ALLÁ, EN EL FIRMAMENTO 2




MÁS ALLÁ, EN EL FIRMAMENTO 2


Los minutos y lo segundos pasaban y para mí era como si el tiempo se hubiera parado, como sí todo fuese a cámara lenta o incluso como si el único que se movía era yo y el resto del mundo se había congelado.

Aún no podía creerme las palabras que habían salido de su boca y sé por la manera en la que frunce el ceño, que ahora mismo está pensando, está pensando en todo lo que significa las palabras que ha dicho.

¿Y para mí? ¿Para mí qué significa? Para mí significa que lo que yo estoy sintiendo, al menos una mínima parte, ella también lo está sintiendo y puedo que tenga una oportunidad, otra oportunidad para ser feliz. Porque así es como me siento cuando estoy con ella. Me tiene totalmente loco, loco por ella.

Sé en lo que está pensando: la distancia.

Esa maldita distancia, esa que nos hace vivir cada uno en un sitio diferente, ella en Santander y yo en Madrid, a kilómetros de distancia. Sé que no va a ser fácil, porque yo entreno todos los días, sé que nos va a resultar imposible quedar y vernos todos los días… ¿pero sabéis qué? Que no me importa, quiero intentarlo, la quiero a ella en mi vida y haré hasta lo imposible porque así sea.

No me importa que tenga que encargarse de Natt pero ella no quiere verlo. Cuidaría a esa niña como si fuese su propio padre. Porque para quererla ella, para tener a María en mi vida, Natt es una pieza fundamental e importante de su vida, por lo que de la mía también lo será.

Porque estoy enamorado de María, hasta las trancas.

            -       Marco… - me dice al salir del trance en el que nos encontrábamos.
            -       Shhh – la respondo poniendo un dedo sobre sus labios para indicarla que se callara, porque ya sé lo que quiere decirme – no hables ahora por favor.
            -       Pero… Esto no está bien, mañana me vuelvo a Santander – me dice intentando que la entienda.
           -       Lo sé – la digo mientras acaricia sus mejillas con mis dedos – pero olvídate de eso ahora ¿vale?
             -       Pero… - intenta volver a decir.
         -       Ya nos preocuparemos de eso mañana, ahora vivamos el momento – la digo mirándola a los ojos.

María asiente con la cabeza porque en el fondo sé que ella también quiere disfrutar, quiere olvidar la realidad, de lo que pasará mañana. Ahora tenemos que disfrutar el uno del otro.
Y en ese momento vuelvo a juntar nuestros labios, dando por finalizada la conversación y empezando a disfrutar de la noche por delante que teníamos. Hasta que unos ruidos nos hacen separarnos. Cuando miramos de donde vienen nos damos cuenta de que toda la plantilla y sus familias nos están mirando. Y todos los jugadores están silbándonos y riéndose.

          -       ¡Ya era hora tío! – grita Lucas mientras se acerca junto a Dani e Isco.
          -       Ya te digo – dice Isco mientras me da un golpe amistoso en la espalda.

En cambio Dani va hasta María y la da un abrazo.

       -       ¿Estás segura de esto? – le pregunta Dani al oído de María mientras siguen abrazados.

Creo que piensan que nos les estoy escuchando, pero no es así, estoy muy pendiente de la conversación, tanto que no hago ni caso a lo que se supone que me están contando Isco y Lucas.

           -       La verdad es que no – le contesta María – pero hoy solo quiero disfrutar – le vuelve a decir.
           -       Me parece bien – la dice mientras se separan.

Es entonces cuando los brazos de Isco son los que ahora rodean a María. ¡Qué pesados pueden ser a veces! Me la quieren robar…

           -       ¡Sándwich! – grita Lucas y se acerca hasta ellos para abrazarlos, quedando María en medio de ambos chicos.
           -       Me estáis asfixiando – dice como puede María porque veo que se está quedando sin respiración.

La sueltan y es cuando aprovecho el momento para recuperar lo que es mío. Me acerco hasta ella y la agarro por la cintura para atraerla junto a mí. Y así nos quedamos un rato.

            -       ¡Como le hagas daño a mi prima te enteras! – me dice Dani en tono serio.
            -       No te preocupes tío – le contesto.
            -       Estás avisado chico – me dice esta vez Sergio quien acaba de aparecer.
            -       Con nuestra niña no se mete nadie – me dice Marcelo apareciendo también.
            -       Eso que si no te las verás con todos – dice Bale.
            -       Vale, vale… - contesto nervioso temiendo por mi vida, después de sus amenazas.

Estos chicos cuando quieren son unos diablos, me acaban de acojonar pero bien. De repente oigo la risa inconfundible de María. Quien está a mi lado riéndose sin ton ni son, pero riéndose a carcajada limpia. Todos nos la quedamos mirando sin entender el motivo de esa risa preciosa.

            -       ¿Qué? – nos pregunto porque la seguimos mirando – ¿no puedo reírme? Hoy es un día para ser feliz.
          -       Ya, ya… ya sabemos porque estás tú feliz – dice Isco alzando las cejas en tono pícaro.

El resto del equipo que estaba aquí empieza a reírse, incluido yo al entender su indirecta, aunque tampoco puedo evitar ponerme un poco rojo de la vergüenza por la insinuación. Cosa que a María también la ha pasado y se esconde en el hueco de mi cuello. Y así entre risas, fotos y muchas tonterías pasamos una gran noche.

Estoy tumbado en la cama de la habitación del hotel, pero la verdad es que no puedo dormirme, no puedo. Es un cúmulo de cosas. Por lo que decido salir de la habitación y me dirijo al jardín, donde se aprecian las estrellas del cielo de Cardiff. Llego hasta la piscina y me siento con los pies dentro de ella. Así, de esta manera, sigo pensando en mis cosas.

De repente siento los pasos de alguien acercándose, aunque no les doy demasiada importancia. Después la persona se sienta a mi lado y mete los pies dentro del agua al igual que yo. Se acerca más a mí y simplemente con su olor ya sé quién es. Apoya su cabeza en mi hombro para ponerse más cómoda.

             -       ¿Tú tampoco puedes dormir? – la pregunto.
             -       No, han sido demasiadas emociones en un día – me contesta María.

El silencio vuelve a invadirnos, pero no es un silencio incomodo, sino todo lo contrario. Ambos disfrutamos de la compañía del otro.

            -       ¿Puede hacerte una pregunta María? – la digo mirándola a los ojos y haciendo que se separe de mí.
             -       Claro – me dice curiosa por saber qué es lo que quiere preguntarla.
         -       Cuando tú hermana murió ¿Cómo te sentiste? – la pregunto y veo como se sorprende, ya que no se esperaba que le preguntara aquello, pero estoy un poco sensible, suele pasarme cuando hay eventos importantes en mi vida.
           -       ¿La verdad? – me pregunta y yo simplemente asiento – Estaba hundida, mi hermana era todo para mí, había sido mi hermana mayor, mi consejera, mi amiga. Todo. Y de repente, de un día para otro ya no estaba. Pero creo que entiendes como me sentí Marco.
           -       Sí – la contesto serio mirando al cielo.
           -       ¿Sabes? – me vuelve a decir aunque yo sigo mirando al cielo, pero sigo escuchando atento a sus palabras – siempre he pensado que cuando una persona se va, desaparece de la vida de una persona,  es por una razón. Podemos pensar que algo malo va a pasar o que siempre nos van a pasar cosas malas. Pero lo cierto es que no es así. Después de lo malo llega algo bueno. Tras la muerte de mi hermana, llegó Natt y tras la muerte de Álex, llegaste tú, Marco – me dice mirándome y tras su confesión yo solo puedo girarme para mirarla.
          -       Tú has entrado en mi vida, María, para llenarla otra vez de luz – la respondo mientras coloco un mechón de su pelo tras la oreja.

Nos volvemos a quedar en silencio y María se tumba en el suelo. Yo no dudo ni un momento y la imita. La agarro de la cintura y la atraigo hasta mí. Paso mi brazo por debajo de su cabeza para que le haga de almohada y así de esta manera nos quedamos observando el cielo estrellado de Cardiff.

          -       Mi madre siempre me decía que las estrellas son las personas que han dejado la tierra, que cuando nos dejan suben hasta el cielo y se quedan allí velando las noches de sus seres queridos – le digo mientras siento como me mira con atención ya que yo solo puedo mirar al cielo y a las estrellas – Y las estrellas que más alumbran son aquellas que fueron personas buenas, amables y generosas. Y que por eso, son las que más brillan, porque aun les queda mucho amor por dar.
           -       Entonces – empieza a decir y yo solo la miro – esa que está ahí – me señala una estrella que brilla con más fuerza que ninguna – es  tu madre.

Inevitablemente sonrío tras lo que me dice, la miro nuevamente y me acerco a ella para besar su frente. Después sigo observando el cielo.

           -       Mi lugar favorito en el mundo es la playa,  durante el atardecer el cielo y el mar parecen que se funden formando colores casi imposibles – me cuenta y solo la presto atención – Mi hermana y yo solíamos ir mucho, era como nuestro pequeño sitio. Ahora voy yo sola. Y cuando nos quedábamos mirando el atardecer, me decía que tenía que mirar más allá de lo que veía, más allá del firmamento para descubrir las cosas maravillosas que la vida podía ofrecerme. Que tenía que ser valiente y luchar por mis sueños, por mis creencias. Me decía que siempre mirará más allá de las personas. Y contigo lo he hecho Marco, he mirado más allá. Ambos sabemos de primera mano lo que es sufrir y salir adelante, ambos sabemos disfrutar de las pequeñas cosas, de los pequeños momentos. Pero tengo miedo de perderte a ti también. Tengo miedo de que un día me levante y tu ya no estés aquí, de que un día mire más allá y no vea nada – me dice mirándome a los ojos.
           -       No me voy a ir a ninguna parte María, te lo prometo – la respondo sinceramente mientras la acaricia con mi mano su mejilla.
            -       Algún día te llevaré a ver el firmamento, a ver más allá durante un atardecer en la playa – me dice mientras me sonrío, mientras me hace esa promesa.

Y de esta manera, tumbados en la hierba, la atraigo más a mí, más si es posible y la beso en los labios. Quedándonos así durante un tiempo, besándonos bajo un cielo estrellado.

Cómo se hizo muy tarde, María no quería que despertara a Isco, por lo que me ofreció compartir su habitación conmigo y no pude negarme a su ofrecimiento. No puedo negarme a pasar tiempo con ella, pero lo que no puedo negarme es al pensar que mañana cuando me despierte la tendré a mi lado.

Nos metemos en la cama y nos observamos en la oscuridad, sintiendo nuestra respiración a escasos metros. Paso un brazo por su cintura, atrayéndola junto a mí.

             -       Te quiero peque – la digo mientras nuestras narices ya se están tocando.
          -       Yo también te quiero Marco – me contesta mientras se va acercando a mí para acabar en un dulce beso, el primero que ella me da.
          -       Buenas noche princesa – la vuelvo a decir, mientras me acomodo, bueno a ella también, para poder dormir.
              -       Buenas noches Marquito – me contesta.

Y así abrazados nos quedamos dormidos. Así sintiéndonos el uno al otro, así teniéndola cerca de mí, como siempre había soñado.

Así, sintiendo el latido del corazón del otro, corazones latiendo al mismo son.






Hola amores!!

Aquí tenéis un nuevo capítulo!! Ya me puse al día con lo de subir un capítulo por semana. Espero que os haya gustado y que dejéis vuestros comentarios.

Gracias por leer y comentar.

Besos, María.



Comentarios

Entradas populares de este blog

AGRADECIMIENTOS

LLUVIA

¿SÍ O NO?