SÁLVAME 2
SÁLVAME 2
Aterrizamos en Madrid y el
autobús nos espera para llevarnos a Valdebebas. Cuando llegamos me dirijo
corriendo casi hasta mi coche. Antes de entrar alguien me agarra del brazo y me
retiene.
- ¿A dónde vas? – me pregunta Isco.
- A Santander – le contesto serio mientras me suelto de su
agarre.
- No puedes irte ahora – me dice – Tenemos partido dentro
de dos días.
- Lo sé, estaré aquí para el partido – le vuelvo a decir.
- Espera Marco – me vuelve a agarrar Isco del brazo – Estás
muy nervioso y alterado, así no puedes conducir – me dice.
- ¿Y qué quieres que haga? No pienso dejarla sola allí – le
suelto de repente.
- Lo sé, no te estaba pidiendo que no fueses – me dice y me
coge las llaves de las manos – Vamos a ir juntos y yo conduzco – me dice
mientras se mete en el coche.
Sonrío ante su respuesta y
doy la vuelta al coche para sentarme de copiloto. Isco arranca el coche y
ponemos rumbo a Santander.
- Gracias Isco – le digo mientras le miro.
- No tienes porque dármelas, todo por los amigos – me
responde mientras me sonríe.
Pasamos el viaje hablando de
una cosa u de otra, sobre todo el que hablaba era Isco, quería distraerme y a
veces lo conseguía, pero la mayor parte del tiempo tenía mi mente puesta en
María. En como estaría, que estaría haciendo, en que sentiría en estos
momentos.
He intentado llamarla un par
de veces pero tiene el móvil apagado o fuera de cobertura. Aunque entiendo
perfectamente que lo tenga así, yo también estaría desconectado del mundo. Pero
necesito hablar con ella, necesito saber que está bien. Posiblemente no lo
este, sólo quiero hacerla sentir un poco mejor.
Después de un par de horas
llegamos a Santander, no sé muy bien a donde tenemos que ir. Buscamos en los
periódicos para ver si encontrábamos la esquela, finalmente lo encontramos. En
menos de medio hora empezaba el funeral y estábamos un poco lejos. Íbamos a
llegar tarde y yo no quería eso. Quería estar ahí para ella, en todo momento.
Llegamos al lugar en el que
se va a celebrar el entierro, a lo lejos diviso a María y a Natt con un fular
amarillo. Quiero acercarme a ella pero Isco se interpone.
- No Marco – me dice serio.
- Pero… Yo quiero ir con ella – miro en dirección a María.
- Lo sé, pero ahora tiene que estar con su familia – me
dice y yo solo puedo asentir.
No puedo dejar de mirar a
María y verla así se me parte el corazón.
La misa fue muy bonita, muy
emotiva. Sus amigos le dedicaron palabras maravillosas, incluso el hermano de
María, ya que por lo visto ambos eran como uña y carne.
Es el momento del entierro,
de enterrar el ataúd bajo tierra. Todos llevan una rosa en la mano para dejarla
sobre el ataúd antes de que lo bajen. Es mi momento, ya no aguanto más y me
acerco a María. Me coloco a su lado y agarro su mano entrelazando nuestros
dedos. María se gira para ver quién era la persona que la había cogido de la
mano y cuando me ve… Su mirada es de sorpresa. No se imaginaba que estuviera
aquí. Agarro con más fuerza su mano y le sonrío.
Es el turno de María y Natt
de dejar la rosa sobre el ataúd. Cuando vuelve a mi sitio no puede evitar
llorar y solo me sale abrazarla. Ella me agarra con fuerza y se refugia en mi
pecho. La pequeña ceremonia termina mientras los dos seguimos abrazados. La
madre de María se lleva a Natt para dejarnos solos a los dos.
María se separa de mí y mira
detrás de mí, se aleja y no duda en darle un abrazo.
- Tuve que decírselo – le dice Isco.
- No te preocupes – le dice María sinceramente – gracias
por venir.
- No podía dejar que viniera solo, estaba muy nervioso e
intranquilo – vuelve a decirle mientras me mira.
Isco se va y nos quedamos
los dos solos. La abrazo y después la vuelvo a dar la mano y me la llevo hasta
las afueras del cementerio. Nos sentamos en un banco cerca de una arboleda.
- ¿Cómo te encuentras? – la pregunto.
- Mejor – me contesta mientras sonríe – Gracias por venir
Marco.
- No tienes porque darlas, es un momento importante y me
necesitas aquí – la digo mientras entrelazo nuestras manos.
- ¿Te has vuelto loco no? – me pregunto y yo la miro sin
entender nada – viniendo aquí teniendo mañana partido – me explica.
- Loco por ti – me sale decirle mientras la miro a los ojos
y sonrojándome por mi declaración.
- Marco… - intenta decir pero la corto.
- Cuando acabó la celebración en el campo te busqué pero no
te encontré por ningún lado y supuso que
habías vuelto al hotel, después de que Isco me dijera que tenías que haber
vuelto al hotel. Cuando llegué a él fui a buscarte a la habitación pero no
contestó nadie. Al bajar a recepción me dijeron que te habías ido. Me volví
loco al no saber dónde estabas. Le pregunté a Dani pero él no sabía nada. Hasta
que me di cuenta de que Isco estaba demasiado preocupado mirando el móvil, que
me había mentido y que sabía algo más y le exigí que me lo contara en el avión
– le digo poniéndome tenso de repente y sin parar quieto - ¿por qué no me
dijiste nada? – la pregunto entre confuso y dolido.
- No quería molestarte con mis problemas – me dice María y
mi mirada se pone seria – no quería estropearte la celebración, quería que
disfrutarás, que te lo pasarás bien.
- María… Me importa una mierda haber ganado, pasármelo bien
y disfrutar. Me importas tú – le digo serio.
- ¿Por qué? ¿Por qué te importo yo más que tu sueño? – me
pregunta sin entender nada.
- No entiendo lo que me está pasando, no entiendo lo que
estoy sintiendo, solo sé que quería haber estado contigo en todo momento,
consolarte cuando nadie lo hace, abrazarte, intentar que te sintieras mejor –
la digo mientras mis manos se posan sobre sus mejillas para que me mire a los
ojos – solo sé que me importas demasiado, me importas mucho María.
- Marco yo… - no sabía que decirme, la había dejado sin
palabras.
Nos quedamos un rato
mirándonos, intentando descifrar en la mirada del otro lo que con palabras no
sabemos expresar. Intentando decir lo que no puedo.
- Marco, has llegado a mi vida como un huracán – empieza a
decirme y mi mirada se posa sobre la suya – Has llegado y me has hecho sentir
cosas que hacía mucho tiempo que nadie me había hecho sentir y eso que solo nos
conocemos de casi dos semanas. Desde la muerte de mi hermana me había cerrado
en banda, no he dejado que nadie me conozca realmente y tú con tan solo una mirada
derribaste mi coraza. Y no entiendo porqué. Pero…
- ¿Pero? – la digo sabiendo que cuando alguien dice un pero
algo malo viene detrás.
- Me importas demasiado Marco, mucho, más de lo que
piensas. Pero ahora mi vida está aquí, si algún momento tuve la oportunidad de
salir huyendo, de rehacer mi vida en otra parte, se esfumaron en el mismo
instante en que recibí esa llamada – me dice tristemente.
- No te entiendo lo que quieres decirme – la digo mientras agarro
sus dos manos ya que no para de moverse al estar nerviosa.
- Soy la tutora legal de Natt – me suelta sin rodeos.
La miro sorprendido y
entonces entiendo todo lo que me quiere decir. María va a tener que quedarse
con Natt, que va a ser su tutora legal.
- María eso no me importa en absoluto – la respondo acariciando
su mejilla.
- Lo sé, pero no puede pasar nada. Ahora tengo que
centrarme en ella. Lo siento Marco – me dice mientras me acaricia el dorsal de
la mano que la estoy agarrando.
- Está bien – le contesto resignado – pero aún así me
importas y esto no me va a impedir que me sigas importando. Voy a estar
contigo, siempre.
- Gracias – me agradece mientras sonríe y me abraza.
Isco y yo nos tenemos que ir
a Madrid en cuanto. Me duele separarme de ella pero tengo que irme. Me separo
de ella como puedo mientras a María se le escapan lágrimas de sus preciosos
ojos.
¿Y ahora que pasará? La
verdad es que no estoy muy seguro. Sé que verme allí con ella ha sido un soplo
de aire fresco para ella, como un salvavidas. Ese momento en el que rescatas a
alguien del hundimiento. Mi hermano hizo eso conmigo cuando murió nuestra
madre. Y sé que con ella he sido esa persona, lo sé porque cuando la he
agarrado de la mano la he sacado de sus pensamientos, ha vuelto a la realidad
con un simple toque. Y en ese momento, me di cuenta de que desde el momento en
que la vi me enamore de ella, me enamore de María, de su sonrisa, de sus ojos,
de sus palabras, de su risa, de su gesto cuando frunce el ceño al enfadarse o
cuando se pone serio pero al final no puede y acaba riéndose de la situación.
Me he enamorado de ella. Y por ese mismo motivo quiero estar con ella,
cueste lo que cueste, no me importa que tenga a Natt, no me importa. Seré su
tío preferido si hace falta, pero necesito a María en mi vida. Quiero que sea
feliz, que no la falte de nada, bueno que ambas sean felices y tengan todo
aquello que necesitan. Porque sí, Natt ha ocupado un hueco en mi corazón. Esa
niña es un rallo de sol, no necesitas ser alguien es su vida, porque sin nada,
solamente con conocerla ya la quieres y darías lo que fuera por ver una sonrisa
suya.
Pero bueno… Después de sus
palabras, después de lo que me dijo ¿no significa que no pueda seguir viéndola
no? En algún momento nos volveremos a cruzar y si no, haré lo posible porque
así sea.
Lo que no sabía es que ese
día iba a llegar más pronto de lo que me esperaba, que iba a volver a estar
junto a ella, mi María, si MI, porque no sé si el destino o no es el causante,
pero María iba a permanecer en mi vida durante bastante tiempo.
Hola amores!!!
Aquí tenéis un nuevo capítulo, más pronto de lo que me pensaba. Espero que os haya gustado y que dejéis vuestros comentarios.
Gracias por leer y por comentar.
Besos, María.
PD: tengo ganas de que la novela siga avanzando y os vuelva a sorprender, porque sé que volveré a hacerlo.

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