¿SI O NO? 2




¿SI O NO? 2


Llevo toda la tarde dándole vueltas a lo ocurrido por la mañana con María. En que es lo que puedo hacer para recuperarla o puede que ya esté todo perdido y sea hora de volver a casa. Pero interrumpen mis pensamientos el sonido del móvil.

         -       ¿Sí? – contesto a la llamada.
         -       ¿Cómo ha ido? – me pregunta Isco al otro lado de la línea.
         -       Mal – le contesto desganado.
         -       ¿Mal, que ha pasado? – me pregunta preocupado.
         -       Le escribí una carta explicándola todo, disculpándome y diciéndola todo lo que sentía. Cuando me presente en su casa, vi que la había leído pero cuando la pregunte si me perdonaba, me cerró la puerta en la cara – contesto frustrado.
         -       ¿De verdad? – dice sin creérselo – Pero si ella te quiero, no entiendo nada.
       -       Yo tampoco Isco, yo tampoco – le respondo - ¿Ahora qué puedo hacer? – contesto rompiendo por dentro.

Y es que pensar en que puede que ya no la tenga más a mi lado, hace que mi corazón se comprima y no pueda evitar derramar lagrimas.

        -       No lo sé Marco, de verdad que no – me dice Isco – si supiera que hacer en estos casos créeme que te lo diría – me sigue diciendo.
          -       Lo sé – le contesto como puedo mientras sigo llorando.
          -       ¿Qué vas a hacer? – me pregunta.
          -       Volver a casa, salgo mañana por la mañana – le respondo.
          -       ¿Volverás a intentar hablar con ella? – me sigue preguntando.
          -       No lo sé – le respondo sin ganas - ¿podemos hablar mañana? No me apetece ahora y quiero estar solo – le digo.
         -       Claro Marco – me dice Isco – con cualquier cosa me llamas ¿vale? Y ten cuidado en el viaje de vuelta.
         -       Está bien – le contesto con ganas ya de cortar la llamada y quedarme solo para poder llorar tranquilamente – Adiós.
          -       Adiós – me responde Isco.

Por fin solo, me tiro en la cama y lloro, lloro y sigo llorando. Parece mentira que con todo lo que he llorado aún siga haciéndolo.

¿La quiero? Claro que sí, nunca me había enamorado y ahora sé lo que es. Es estar pendiente de la otra persona, preocuparte, hacer todo lo posible por hacerla reír, estar en los momentos divertidos y también en los difíciles, es como si estuviera en una montaña rusa constantemente, subiendo y bajando, llenando mi cuerpo de adrenalina, de amor, cariño, necesidad de estar con la otra persona, es temblar cuando me roza la piel, acelerarse el pulso con solo sentir su aliento, es que tu cuerpo entero reaccione ante su mera presencia, es sentirse amado, respetado, deseado. Es querer a alguien sin dudarlo.

Y yo, yo amaba a María.

¿Me perdonará? Aunque la respuesta sensata fuera que no, sería lo lógico después de mi cagada, la verdad es que se lo que va a hacer, si me contestará o simplemente dejará las cosas así, sin más, sin ese punto  y final que te permita cerrar el capítulo y continuar leyendo el siguiente. Pero luego pienso y… ¿Por qué me va a perdonar? ¿Por qué? Si no la merezco, no me merezco a María, ella aspira a mucho más que yo. ¿Qué tengo de especial? Nada, absolutamente nada, como mucho que sea futbolista, pero que lo seas no significa que seas una buena persona, una persona a la altura de alguien como ella, porque ella… ella se merece todo y mucho más. Pero sé que ella en algún momento me ha elegido. A mí, que no soy nada del otro mundo, solo sus ojos deben de ver algo especial en mí, algo que le diga que yo valgo la pena. Pero mi miedo me hace cometer estupideces como la que he hecho, estupideces que me han hecho perderla y solo espero, solo ruego que no haya sido para siempre.

¿Me dará una segunda oportunidad? La verdad es que no lo sé, no sé si está relación va a funcionar o no. Porque a veces pienso que por muchos esfuerzos que hagamos por mantenerla a flote poco a poco se va hundiendo. Y es que es la maldita distancia, esa que nos hace estar a cientos y cientos de kilómetros, que nos impiden hacer tantas cosas… Como ir una tarde al cine, pasear por la ciudad o incluso cenar en el  sofá de casa. Cosas tan simples y sencillas, pero cotidianas a la vez, cosas que una pareja hace. Pequeños detalles que marcan la diferencia en cualquier relación.

Después de darle tantas vueltas al final llego a una conclusión, mañana por la mañana volvería a ir a su casa. Una última vez, si no me perdona, si no volvemos, dejaré de desistir, volveré a Madrid e intentaré olvidarla o al menos que cuando piensa en ella no duela. Porque a veces tenemos que tragarnos el orgullo, a veces tenemos que ser valientes y afrontar los miedos, dejar de ser tímido e ir a buscar lo que queremos. Porque nadie nos va a dar nada, nada. Todo aquello que queramos tenemos que ser nosotros quienes vayamos a buscarlo y conseguirlo.

Me voy a la ducha para intentar despejarme, para refrescarme y sentirme un poco mejor de lo que estoy. Cuando de repente alguien llama a la puerta de la habitación del hotel. Salgo de la bañera y me enfundo en una toalla y me dirijo a la puerta.

Abro la puerta y allí está, su mirada me recorre de arriba abajo y veo un leve rubor en sus mejillas. Ya que me encuentro recién salido de la ducha y con una toalla y creo que no es la imagen que se esperaba.

La oigo suspirar y me río interiormente al escucharla, que vergonzosa se ha puesto…

¿Y ella? Tan preciosa como siempre. ¿Por qué habrá venido? Y entonces un millón de preguntas asaltan mi cabeza.

         -       María… ¿Qué? – intento decir ya que estoy sorprendido porque no me esperaba que apareciera en la puerta de la habitación del hotel.
          -       Hola – me dice algo tímida.
          -       ¿Qué haces aquí? – la pregunto intrigado.
         -       Tenemos que hablar – intenta decir de manera normal pero creo que lo ha dicho un poco borde.
       -       Eh… Claro, claro, pasa – la contesto mientras la abro la puerta y la dejo pasar al interior de la habitación.

Entra dentro y veo que no sabe muy bien qué hacer, está muy nerviosa y nunca la había visto así. Al final se sienta en la cama y yo imito su acción pero su voz me detiene.

          -       ¿Podrías ponerte algo de ropa? – me pregunta.
          -       ¿Qué? – pregunto confuso.
         -       Tengo ojos ¿sabes? Y si te veo así no voy a poder concentrarme mucho – me dice mientras se río.

¡Dios su sonrisa! Cómo echaba de menos esa risa… Instantáneamente se me dibuja una sonrisa amplia en la cara y voy hacia la maleta para sacar algo de ropa.

Tras oírla reír me he relajado un poco, pero aún así no puedo evitar pensar en lo cerca que la tengo y que no puedo acercarme simplemente a coger su mano o acariciar su mejilla, ahora ruborizada.

Termino de vestirme y me siento junto a ella en la cama. Me giro para poder mirarla y nuestras miradas se vuelven a unir. Nos quedamos esperando para ver quien habla primero.

         -       Lo siento – me dice ella primero y yo la miro confuso – siento haberte cerrado la puerta en tus narices.
         -       No tienes que pedir perdón, me lo merecía, te entiendo – la contesto quitándole importancia.
          -       Sí tengo porque no es por lo que tú te piensas el porqué te cerré la puerta – me intenta explicar.
             -       ¿Por qué lo hiciste entonces? – la pregunto intrigado.
         -       Estaba confusa, todo estaba demasiado reciente, acababa de leer tu carta, has aparecido en mi puerta, y no sabía qué hacer ni que decirte. Tenía que aclararme – me explica.
             -       No te preocupes – la digo - ¿Entonces? – la pregunto a continuación.
             -       ¿Entonces qué? – me pregunta ella sin entender nada.
             -       ¿Me perdonas? – la pregunto esperanzado.
            -       Sí – me contesta mirándome a los ojos y yo no puedo creerme lo que acabo oír salir de sus labios.
            -       ¿De verdad? – la pregunto mientras cojo sus manos, como añoraba sentirla cerca, sentir piel contra piel. Veo que sus ojos vuelven a brillar de ilusión en cuanto lo hago y en mi interior no puedo sentirme más feliz.
            -       Te perdono – me dice mientras suelta nuestras manos – te perdono porque te quiero y porque te entiendo, entiendo el porqué te pusiste como te pusiste, te entiendo porque yo también tengo esos mismos miedos que tú tienes. Y por eso te perdono.
          -       Gracias – la digo ya no tan ilusionado porque me ha dado cuenta de  que me ha soltado de la mano y eso no es bueno, nada bueno- ¿Y entonces? ¿Me das una segunda oportunidad? – la pregunto esperando ansioso su respuesta.
             -       Yo… - intenta decirme – No lo sé Marco.

¿Qué? No, no. No quiero oír esto. ¿Cómo la explico yo ahora que estoy perdidamente enamorado de ella y que lo único que quiero es estar junto a ella?

            -       María, te quiero – la digo rápidamente mientras que mis manos agarran sus mejillas y la obligo a mirarme – te quiero y no me importa la distancia. Sé que no es lo mismo que tenernos juntos todos los días, pero prefiero tener esto a no tener nada contigo. Te quiero a ti y solamente que a ti, y no me importa los obstáculos que tengamos porque sé que  vamos a superarlos, juntos. Eres lo más importante de mi vida, mi sol, mi guía.
           -       Marco yo también te quiero, pero… - intenta explicarme – Nos estamos haciendo más daño así.
            -       Más daño me haría sino te tuviera conmigo – la digo totalmente sincero mientras me voy acercando más a ella.
             -       No sé Marco – me dice mirando al suelo sin saber qué hacer, ya que veo un debate en su mirada, su corazón debe de decir una cosa y su cabeza otra.
         -       ¡Joder María! ¿Tanto te cuesta entender que no quiero perderte? – la pregunto frustrado sin saber ya que más decir – Te quiero, te quiero, te quiero. Y siento haberte hecho daño, he sido un completo gilipollas.
            -       En eso último tienes toda la razón – me dice mientras no puede evitar reírse y como consecuencia yo también me ríe.
         -       ¿Entonces? ¿me das una segunda oportunidad? ¿Sí o no? – la pregunto poniéndome otra vez serio esperando una respuesta de su parte.

En ese momento María se queda callada, está pesando, pero no sé qué. Es como si todo se hubiera quedado congelado, nuestras miradas estaban en una constante batalla por intentar averiguar lo que piensa y siente el otro, sobre todo yo. Necesito saber qué es lo que pasa por su cabeza, quiero y necesito saber qué es lo que siente.

La veo pensar y pensar.

La espera me está matando, no puedo más y estoy a punto de ponerme a llorar.

           -       Marco, yo… - dice María.

Y esas simples dos palabras hicieron que mi mundo se viniera abajo.

Se acabo, esto se ha acabado.

Definitivamente… Sí.

Por favor, por favor, por favor… no. Me niego. No puedo perderla. No quiero.

Yo la amo.









Hola amores!!

Aquí tenéis un nuevo capítulo que espero que os haya gustado y que dejéis vuestros comentarios como siempre.

Gracias por leer.

Besos, María.

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LLUVIA

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