COMENZANDO 2
COMENZANDO 2
Habían pasado un par de días
desde aquella noche, aquella noche donde todo termino, donde mi corazón quedó
partido en mil pedazos. ¿Y el culpable? Yo. Fui un completo idiota e imbécil.
Todos los días la llamaba un par de veces y la mandaba miles de mensajes, pero
no respondía a ninguno de ellos y yo cada vez me desesperaba más, no sabía qué
hacer.
Sabía que había hablado con
Dani y con Isco. Dani me había dicho que estaba bien, pero no le creí. Sin
embargo Isco andaba un poco misterioso en cuanto se trataba de María. Por él
sabía que no estaba bien, que se desahogaba con él, pero no me decía
absolutamente nada de sus conversaciones. Al principio me enfadé pero después
lo entendí, ella también es su amiga e Isco es un gran amigo.
¿Y cómo estaba yo? La verdad
es que bastante mal aunque intentaba aparentar delante de mi familia y los
chicos, de que todo iba bien. Por el día lucía una sonrisa y por la noche
lloraba desconsoladamente en mi cama. Dolía mucho, era como si me faltará el
aire para respirar. Y me estaba ahogando. Pero sabía que tenía que ser fuerte,
una vez más. Sabía que tenía que seguir adelante. Así que he decidido comenzar
otra vez, empezar de cero y volver a reconquistarla. Lo único es que no sé cómo
hacerlo.
Pero de repente todo a mí
alrededor se derrumba. Me fijo en Instagram y veo que María me ha dejado de
seguir. No puede ser ¿verdad? Tendrá que ser un error. Voy a Twitter y veo que
también me ha dejado de seguir. Voy al whatsapp y ha quitado la foto que tenía
con mi camiseta. Esto ya no es normal, ha sido ella pero… ¿Por qué?
Cojo el móvil y la mando un
mensaje, quiero pensar que esto no está pasando de verdad, que no quiere
olvidarme, que no quiera que desaparezca de su vida.
“¿Me has dejado de seguir en
las redes sociales?” – la pregunto si creérmelo aún.
“María” – la sigo diciendo.
“Sé que me estás leyendo” –
le digo al verla en línea y leyendo mis mensajes.
“¿Qué está pasando?” – La
vuelvo a preguntar – “¿Por qué lo has hecho?
“María, por favor” – la
suplico.
“¿Peque?” – la llamo.
Con cada mensaje mi corazón
se desgarra más y más, hasta que creo que ya no va a poder sentir nunca más, ya
que cuando intento volver a mandarla un mensaje no me deja.
Acaba de bloquearme.
¿Ahora qué hago yo?
Me niego a perderla, no
quiero.
Piensa Marco, piensa, es
ahora o nunca, es ahora o la perderás para siempre.
Salgo de mi casa y cojo el
coche, me monto en él y cojo rumbo a Santander. Necesito hablar con ella, que
me entienda.
Cuando llevo un rato
conduciendo paro el coche y hablo con Isco para contarle lo que estoy
haciendo. Su respuesta: ya era hora de
que hiciera algo al respecto y fuera a recuperarla.
Llevo toda la noche
conduciendo sin dormir, pero no me importa, lo único que quiero es llegar lo
antes posible para poder hablar con ella.
Al llegar a Santander son
las 6 de la mañana, es muy pronto y no puedo presentarme así en su casa. Así
que me voy a un hotel. Cuando estoy dentro empiezo a pensar en cómo le voy a
decir todo lo que quiero decir. Así que decido escribirlo en un trozo de papel,
para dejar claro todo lo que quiero decirla.
Me siento en la mesa y
comienzo a escribir.
“Antes que nada quiero decir lo siento, lo siento mucho
pequeña.
Siento tanto lo que hice… que por ese motivo te estoy
escribiendo esta carta, porque por palabras no sabría cómo expresarme aunque me
cogieras el teléfono, aunque no te culpo porque no lo hagas, te entiendo. Y por
eso mi carta. Al principio no sabía que decirte ni que poner, me aterraba el
hecho de no saber que decirte y dejar en blanco este papel. Pero creo firmemente que con esta hoja, con este
papel mis disculpas van a estar mejor, al menos sé que todo lo que quiero
decirte está escrito y puedas llegar a entenderme, pero sobre todo leerlo todas
la veces que necesites y sean necesarias.
Siento mucho haberte decepcionado, porque sí lo he hecho,
yo mismo me siento decepcionado con mi actitud, soy un completo idiota. La
verdad es que no sé muy bien como darte las explicaciones necesarias, ni si quiera
como pedirte perdón.
Por el contrario, sé perfectamente que me equivoqué, que
traicioné la confianza mutua que habíamos conseguido, y que por ende, tú habías
depositado en mí, en nuestra relación aunque al principio no vieses futuro y
que al final rompí todos los sueños e ilusiones que teníamos en ella. Porque
sí, lo rompí, pero aun sigo creyendo que esto puede funcionar. Y por eso te
pido perdón. Y quiero que sepas los motivos que me llevaron a esto, bueno el
motivo, el único motivo que me llevo a decepcionarte. Fue por miedo.
Tenía tanto miedo del camino que estaba tomando nuestra
relación, tenía tanto miedo de estar yendo tan deprisa que algo en mi interior
me obligó a dar un paso atrás. Y es que después de ese partido, después de
perder, un millón de cosas se me vinieron a la cabeza. ¿Por qué una chica tan
especial como tú se había fijado en alguien como yo, sino valgo nada? En ese
momento descargué toda mi frustración y furia contigo. E hice mal, lo sé. Pero
en ese momento pensé que tu merecías a alguien mejor que yo, alguien valiente,
fuerte, que te sacara sonrisas sin ton ni son, que te salvara de esa oscuridad
que se cierne sobre ti. Y yo no soy esa persona, no lo soy cuando yo tengo
también esa oscuridad sobre mí, aún sigo intentando sobrevivir.
Y no fui consciente del daño que te estaba haciendo, no
lo fui la verdad. La verdad es que fue algo motivado por el egoísmo y por el
miedo. Egoísmo sí, porque pensé en lo mejor para mí y no para ti, ni para los
dos. Pensé que cuanto antes terminara todo menos sería después mi sufrimiento.
Y por eso te pido perdón.
No tengo ni la más remota idea de cuál es la mejor manera
para reparar el daño, pero estoy dispuesto trabajar y cuidar esta relación si
me das otra oportunidad. Porque si de algo estoy seguro en estos momentos, si
de algo he aprendido de este error, mí error, es de lo que quiero y de lo que
no quiero. Y por encima de cualquier miedo, de cualquier temor, te quiero a ti
y no quiero perderte.
Te dije en su momento que no me ibas a perder nunca, y
nunca lo harás. Pero mi corazón se quedará destrozado para siempre porque eres
la única que has sabido como recomponer los pedacitos que habían quedado él. Y
solamente tú eres la única persona que podrá hacerlo, solo tú.
Y no me importa el tiempo que pase ni lo que tenga que
esperar o hacer durante el camino, estoy dispuesto a lo que sea porque me
perdones, porque me des una segunda oportunidad para comenzar de nuevo. La he cagado sí, pero a veces uno
necesita pisar una piedra para darse cuenta de las cosas verdaderamente
importantes en su vida. Y tú, María, tú eres la persona más importante de mi
vida. Eres mi sol cuando todo a mi alrededor esta oscuro. Eres el motivo por el
que cada día sonrío como un tonto, un tonto que está enamorado de ti hasta las
trancas. Un tonto que lo único que puede pedir perdón y esperar a que la chica
de sus sueños le perdone.
Te quiero pequeña.
TÚ Marco”
Termino de escribir la carta
y me limpio las lágrimas que recorren mi cara, empezaron a salir desde el
instante en el que escribí pequeña, pero es que es pensar en María y no puedo…
Es pensar en lo que acabo de perder por una idiotez que no puedo parar de
llorar.
Es una hora prudente, así
que después de lavarme la cara tras mis horas sin dejar de llorar, voy hasta su
casa y la dejo en la entrada de su casa. Oigo como su padre sale al descansillo
y coge la carta. Al cabo de unos minutos salen de casa. Ahora solo queda
esperar a que se levante y la lea.
Cuando creo que es hora de
que ya se haya levantado voy hasta la puerta. Me quedo frente a ella sin saber
muy bien qué hacer.
¿Llamo o no llamo?
AL final toco el timbre y
espero nervioso a que decida abrirme.
Por favor, que me abra la
puerta, ruego al universo, al destino o lo que sea que me haya hecho estar en
esta situación.
La puerta que tengo frente a
mí se abre. Creo que ni si quiera ha mirado a ver quién era, ya que cuando alza
sus ojos y se encuentran con los míos su cara denota sorpresa.
- María – la digo.
- ¿Qué… qué haces aquí Marco? – me pregunta sorprendida y se
quita cualquier rastro de su cara que indique ha estado llorando, aunque los ojos
rojos la delatan y sé que ha estado llorando.
- Tenía que verte, explicarte todo – la digo mirando al
suelo arrepentido – Aunque veo que ya has leído mi carta – la digo al fijarme
que lleva en su mano mi carta.
- Sí – me contesta en un susurro.
- ¿Entonces? – la pregunto esperanzado - ¿Me perdonas
María?
- Esto… yo… - dice dubitativa sin saber bien que decirme –
Lo siento Marco – y me cierra la puerta en toda la cara.
¿Qué? No por favor… Unas
lágrimas comienzan a caer sobre mi cara.
La he perdido para siempre.
Ahora estoy seguro de que
sí.
Me deslizo despacio sobre la
puerta y me siento en el suelo con mi cabeza metida entre mis brazos. Y así
sigo llorando.
¿Qué voy a hacer ahora sin
ella? ¿Qué? No soy nadie sin María.
¿Por qué no me perdona? ¿Por
qué no me deja reparar el daño que la he causado?
¿Por qué no me da una
segunda oportunidad?
Esas preguntas rondan por mi
cabeza durante todo el día.
Hola amores!!!
Otra vez aquí sí y con un nuevo capítulo!! Espero que os haya gustado y que dejéis vuestros comentarios con lo que os ha parecido.
Gracias por leer y comentar.
Besos, María.

Comentarios
Publicar un comentario