OSCURIDAD 2
OSCURIDAD 2
“Marco, yo…” esas palabras
resuenan en mi cabeza una y otra vez. No quiero esto, no quiero saber lo que me
va a decir, porque no quiero perderla. Quiero verla despertarse a mi lado cada
mañana, quiero verla cerrarlo los ojos para irse a dormir, quiero verla sonreír
cada día y ser el causante de ella, quiero estar para ella en cada momento de su
vida, bueno, malo, cualquiera, no quiero perderme nada de su vida, quiero
amarla con cada uno de sus imperfecciones, que son pocas, amarla con todo lo
que la hace ser única.
No quiero perderla.
Mi corazón sigue latiendo
con fuerza. Tengo unas ganas tremendas de llorar, pero tengo que ser fuerte,
tengo que serlo.
- ¡A la mierda! – dice de repente sorprendiéndome.
¿Ahora qué pasa?
La veo acercarse hasta mí,
me coge la cara con sus dos manos, me hace levantar la mirada, ya que la tengo
agachada, no soy capaz de mirarla a los ojos, pero me obliga a hacerlo, me
obliga a mirarla. Su mirada es indescifrable, lo único que puedo distinguir es
ese brillo especial que suelo ver cuando estoy con ella y que pocas veces
aparece. María me mira y sé que sabe que estoy a punto de llorar, pero la
verdad es que no me importa. La veo que no duda ni un momento y me besa. Me
besa como nunca antes me había besado. ¡Y joder! Qué bien se sentía volver a
tener sus labios sobre los míos, eran una adicción, mi obsesión.
Me quedo tan absorto por la
sorpresa que no la sigo el beso, pero después recapacito, vuelvo a la realidad
y la sigo. La agarro con mis dos brazos su cintura y la acerco más a mí, aunque
creo que ya más es imposible, porque entre los dos no pasa ni una gota de aire,
ya que nuestros cuerpos están pegados desde el momento en el que María me ha
besado.
Por la falta de aire,
tenemos que separarnos y junto nuestras frentes. No abro los ojos, los dejo ahí
cerrados, disfrutando del momento que hemos tenido para intentar calmar mi
respiración, ya que se encuentra agitada después de todo lo que he sentido con
un simple beso, ha sido como volver a estar en casa otra vez.
- Te quiero Marco – me dice en un susurro sintiendo su
mirada sobre la mía.
Cuando pronuncia esas
palabras mi corazón explota de alegría, abro los ojos y la miro. La miro con
intensidad, alegres, volviendo a sonreír igual que lo hace mi boca, se vuelve a
dibujar una sonrisa, una que no mostraba desde que todo esto había pasado.
- Yo también te quiero María, no sabes cuánto – la digo
mientras me acerco para besarla de nuevo.
Pasamos así unos minutos,
besándonos, cuando recuerdo que aún no me ha contestado a la pregunta y
necesito saber la respuesta, por lo que me separo bruscamente de ella. María me
mira confusa por lo que acabo de hacer, no entiende nada.
- No me has contestado aun a la pregunta que te he hecho –
la digo mirándola totalmente serio otra vez.
- Creo que el beso ha sido una buena respuesta, ¿no crees?
– me dice mientras sonríe.
- ¿Me das una segunda oportunidad? ¿Sí o no? – la vuelvo a
preguntar para estar seguro al cien por cien de que es esa respuesta. Quiero
oírla de su boca.
- Sí Marco – me contesta sonriendo y sonrío de nuevo.
- Te prometo que no te volveré a tratar así más – la digo
sinceramente mientras cojo sus manos con las mías.
Me moriría si por mi culpa volviéramos
a pasar otra vez por esto, sufriendo los dos por una estupidez como la mía.
- Está bien Marco, y me
tienes que prometer que no pensaras así de ti mismo ni de nuestra
relación, te quiero, te he elegido a ti, eres una persona maravillosa Marco.
¿Me oyes? Y juntos y solamente juntos vamos a poder enfrentarnos a esa
oscuridad que tenemos y superarlo, mientras estemos juntos en vez de oscuridad
habrá luz – me dice - ¿me lo prometes? – me pregunta esta vez.
- Te lo prometo – la contesto mientras me acerco a sus
labios para fundirnos en otro beso.
El beso empieza a
intensificarse, de un beso dulce pasa a un beso apasionado en cuestión de segundos.
Recorro con mi lengua su labio inferior para después darle una pequeña mordida.
Y veo como María entiende lo que la quiero decir, porque abre más su boca y
deja que mi lengua explore su cavidad bocal, de la misma manera que ella
explora la mía. Nuestras lenguas entran en una batalla constante y la levanto
de la cama.
La apoyo en la pared y ella
recarga su espalda en ella. Dejo sus labios y comienzo un camino desde allí
hasta la base de su cuello. La siento estremecer y suelta de seguido un suspiro
que hace que me revolucione. Que quiera perder el control de mis actos.
Nos separamos y me quito la
camiseta, pero en cuanto lo hago vuelvo a la tarea y sigo besando sus labios.
Las manos de María comienzan a recorrer mi pecho y mis pectorales, pasan por mi
espalda y la recorre. En cuanto siento sus manos por mi piel, el bello se me
eriza, como para no hacerlo tras sus caricias. Sus manos acaban tras mi cuello
e intensifica más el beso si es posible.
Mis manos traviesas pasan de
acariciar su cintura a sus piernas, provocando que María tenga que elevarse y
rodear mi cintura con sus piernas. Yo simplemente la sostengo y la sigo
acariciando. Después la llevo hasta la cama y la tumbo con cuidado en ella.
La quito la camiseta
dejándola en sujetador, esa imagen es demasiado tentadora, y comienzo a darle
besos en el cuello, pero esta vez húmedos. Desde allí comienzo a descender,
pasando por su clavícula y después a su vientre. Vuelvo a subir y la beso en
los labios. Labios rojos, carnosos, llenos de fuego y de deseo. Después de
separarme y contemplarla mientras se ruboriza, me quito el pantalón corto del
chándal que me había puesto y de seguido le quito el suyo también.
Vuelvo otra vez a su cuello,
he descubierto cual es su punto débil y me ecanta oírla suspirar como está
haciendo ahora mismo. Mis manos empiezan a acariciarla de arriba abajo sin parar,
queriendo sentir cada rincón de su piel, memorizarlo y mantenerlo grabado para
siempre en mi memoria.
- Marco – me llama de repente y me detengo para escucharla.
¿Estaré haciendo algo mal?
Mi preocupación aumenta en cuanto miro su cara, su preocupación, su miedo.
¿Me tiene miedo? ¿Por qué?
- ¿Qué pasa peque? – la pregunto mientras me separo un poco
más al ver su temor. No quiero hacerla daño ni asustarla.
- Esto… yo… - me intenta decir insegura sin saber cómo
hacerlo.
- No quieres seguir ¿verdad? – la pregunto un poco
decepcionado.
Para qué voy a mentir,
quiero hacerlo. ¿Cómo no voy a querer hacer el amor con ella? Sería un completo
idiota si no quisiera.
- Vamos muy rápido – la digo ahora totalmente seguro. No
tengo prisa la verdad, aunque ahora tenga que bajar a mi amiguito, no me
importa esperar.
- Marco, mírame – me dice para intentar explicarme lo que
está pasando aunque ya lo entiendo. Vamos muy deprisa.
- Dime – la digo mientras me tumba a su lado.
- Marco, yo… - no sabía cómo decírmelo. Veo como se sonroja
de repente – soy virgen – me dice mirándome.
¿Qué? ¿Virgen? De todo lo
que podía decirme esto no me lo esperaba. Yo pensé que ya no lo era. Una chica
tan guapa y hermosa como ella que no… No entraba en mis pensamientos.
¿Pero sabéis qué? Me alegro
mucho porque ahora puedo ser yo el primero. Puedo serlo y seré tan cuidadoso
con ella… Quiero que sea un momento mágico para ella.
La veo como se sonroja más y
más muerta de la vergüenza y agacha la mirada, no quería verme ni mirarme a los
ojos. Pero no consigo emitir ninguna palabra.
- ¿Eres virgen? – la pregunto finalmente sin poder creérmelo.
- Sí – me contesta en un susurro.
La acaricio la mejilla y la
hago levantar la mirada para que me mire. Cuando lo hace solo puedo sonreír.
- Pensé que no lo eras, eres una chica muy hermosa María.
Yo creí que con tú anterior novio ya lo habías hecho – la digo seguro – Pero me
alegro que no lo hicieras – la sigo diciendo sinceramente y sonriendo.
- A decir verdad, yo nunca he tenido novio – me dice
agachando la cabeza otra vez muerta de vergüenza.
- ¿De verdad? – la pregunto sorprendido y ella levanta la
mirada para asentir con la cabeza – Vaya…
- ¿Es malo? – me pregunta asustada por mis preguntas y por
mi reacción.
- Nooo, que va – la digo mientras la vuelvo a acariciar la
mejilla – me encanta que tus primeras experiencias sean conmigo – la digo
sonriendo.
- ¿Te has enfadado por qué no he querido hacerlo? – me
vuelve a preguntar y veo en sus ojos preocupación.
- No, claro que no – la contesto mientras la doy un beso en
la nariz – esperaré lo que haga falta hasta que estés lista – sigo diciendo.
- Gracias – me contesta mientras se le dibuja una sonrisa
amplia.
- Quédate a dormir conmigo – la propongo haciendo un puchero
– es muy tarde y quiero pasar el mayor tiempo posible contigo. Mañana tengo un
vuelo a Mallorca para ver a mi familia – la explico.
- Está bien – me dice para después besarme.
Nos pasamos toda la noche
besándonos y acariciándonos hasta que Morfeo vino a por nosotros para llevarnos
al mundo de los sueños. Abrazados y con una sonrisa en la cara.
A la mañana siguiente me
despierto y juro que nunca había visto una imagen más hermosa que la de María
dormida a mi lado abrazándome. La aparto un mechón de pelo de la cara y la
acaricio la mejilla. Veo como ante mi tacto se revuelve en la cama. Me abraza
más fuerte y finalmente con una sonrisa dulce abre sus preciosos ojos.
- Buenos días peque – la digo mientras deposito un suave
beso sobre su nariz.
- Buenos días – me contesta sonriente.
- ¿Qué tal has dormido? – la pregunto.
- Genial ¿y tú? – me responde.
- Echando de menos dormir a tu lado y despertar junto a ti –
la respondo – es como volver a casa otra vez porque dormir junto a ti es el
mayor placer de mi vida – digo finalmente.
Veo como se sonroja ante mis
palabras y no puedo evitar reírme ante su respuesta.
Estamos unos minutos en la
cama abrazados, sin hablar. Ella haciendo dibujos con su dedo en mi pecho y yo
acariciando su brazo y atrayéndola más y más a mí, ya que su cabeza estaba
apoyada en mi espalda.
Finalmente nos levantamos,
nos vestimos y bajamos a desayunar. Me ayuda con la maleta y me acompaña hasta
el coche.
- No olvides que te quiero – la digo antes de subirme al
coche.
- Yo también te quiero – me responde María.
Me da un abrazo fuerte y
cuando nos separamos no puedo aguantar más y la beso con fuerza, con ganas,
para poder recordar este beso hasta que la vuelva a ver. Y sé que será pronto.
Había llegado ya a Mallorca
después del partido que habíamos tenido esa misma tarde. Como castigo, Zidane
no me había sacado en todo el partido, por haberme marchado así sin más y ni
siquiera haber descansado. Pero la verdad es que valió la pena quedarme sin
jugar solo por volver a tenerla junto a mí.
Era ya de noche cuando
finalmente entre por la puerta de mi casa. Me recibe mi padre y mi hermano,
pero estaba tan cansado que me voy directamente a la cama. Antes de dormir su
mirada, su sonrisa, sus ojos… me vienen a la cabeza y sonrío como un tonto
enamorado en mitad de la habitación.
Cojo el móvil y me tumbo en
la cama y antes de que los ojos se me cierren completamente, le mando un
mensaje al móvil.
“Buenas noches peque. Te quiero amor”.
Hola amores!!
Aquí tenéis un nuevo capítulos que espero que os haya gustado y que la pequeña escena nueva que aparece os haya gustado también. También espero como siempre vuestros comentarios de lo que os ha parecido.
Gracias por leer y comentar.
Besos, María.

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